Sobre un tuit de Enrique Santiago, secretario general del PCE

Ayer, 21 de noviembre, ante una de tantas peticiones por parte de partidos de la izquierda oficial y nacionalistas periféricos para hacer una condena institucional al franquismo, el PP dijo que se sumaría a ella siempre y cuando en la misma se incluyeran al comunismo y al populismo obviamente en un intento más de no querer condenar a la dictadura genocida a la vez que volvían a querer equipara a ambos bandos que, según ellos, hicieron la Guerra Civil.

Pero de eso, que es muy importante y que merecería varios artículos, no voy a hablar hoy, otros muchos lo han hecho mucho mejor que yo desde Herbert Sourthworth para acá. A lo que que me quería referir es al tuit que Enrique Santiago, secretario general del PCE publicó también en el día de ayer y que reza literalmente así:

 

“La derecha ilegalizó @elpce en 1923 (Primo de Rivera) y en 1939 (Franco). El @PPopular quiere ilegalizarnos por 3a vez, y de paso evitan condenar el #Franquismo. Los comunistas y otros demócratas trajimos la libertad sin su ayuda, más bien a pesar de ellos”

 

A mí lo primero que me asaltó la mente fue el pensamiento de qué podría entender hoy día el secretario general por comunismo. Desde luego nada que tuviera que con Marx o Lenin porque cuando hablan de libertad y de democracia hablan de un sistema creado en su día por los burgueses para poder ser iguales, en un primer momento, a la rancia aristocracia sin tener para nada en cuenta los derechos del resto de los que, a partir de la Revolución Francesa, llamamos, no sé si equivocadamente, ciudadanos. Tan es así que ya los propios revolucionarios franceses, con una sola excepción, negaron al común de los ciudadanos el derecho al voto, es decir, la posibilidad de elegir sobre sus vidas, ellos eran suficientemente sabios como para saber qué es lo que necesitaban no sólo ellos sino también el común de los habitantes de las distintas naciones una vez el sistema se fue extendiendo por el resto del mundo, especialmente por lo que hoy denominamos Europa Occidental. El problema es que, al parecer, los intereses de los ciudadanos coincidían, según su propia visión, con los propios y, cuando los ciudadanos empezaron a comprender que ambos intereses no sólo no coincidían sino que eran contrapuestos, poco a poco se fue extendiendo el derecho de voto, primero sólo a los hombres y, más tarde, también a las mujeres pero siempre siguiendo unas leyes electorales que, curiosamente, solían favorecer los intereses de los burgueses –y conste que, cuando utilizo esta palabra me refiero a lo que ya entonces se denominaba “alta burguesía” y algunos, aún, llamamos oligarquía- en contra del resto aunque una parte de éstos también tuvieron una pequeña parte en el festín que se estaba repartiendo por aquel entonces y a otros muchos, los llamados tontos útiles, fueron capaces de convencerlos para que votaran lo que a ellos les interesaba apelando a conceptos abstractos tales como la religión y la nación como si, sobre todo esta última, pudiera estar por encima de las necesidades de los nacionales porque la nación tal como la entendemos hoy, es la nación de la alta burguesía y, todo lo más, la media, es decir, siendo muy generosos, del 15 o 20 por ciento de la población, eso es lo que se denomina “defender Españ” o “Francia” o “Cataluña” o lo que sea.

Tampoco debemos olvidar que la Revolución Francesa no se levantó sobre el lema “Libertad, Igualdad y Fraternidad” sino sobre el de “Libertad, Igualdad y Propiedad” y éste lema es que ha prosperado y que rige hoy en día nuestras sociedades con la salvedad que sólo el último de los conceptos está plenamente vigente hoy en día porque ya sabemos dónde estamos en cuanto a libertad –suficiente es que la haya puesto una vez con mayúscula- con Leyes Mordazas que envían a la cárcel a titiriteros tuiteros y personas de toda laya que se permiten discrepar del sistema desde la izquierda porque, no lo olvidemos, quienes lo hacen desde la derecha parecen tener todos los parabienes de las distintas instituciones del Estado. En cuanto a la igualdad… ya se conoce el dicho “unos son más iguales que otros”. Es decir, la liberta de imprenta, que no a otra libertad se referían los revolucionarios franceses, está muy mediatizada mientras la igualdad ante la ley, que no de otra igualdad hablaban, sabemos desde siempre que es un mito, así, en los Estados Unidos, desde su inicio, nadie que perteneciera a la aristocracia económica ha sido ajusticiado independientemente de los crímenes de que se les haya condenado, aún se puede recordar el juicio de O. J. Simpson, el jugador de fútbol americano y, luego, actor y no es que yo vaya a defender ahora el asesinato legal de una persona, nada más lejos de mi ánimo pero sí a constatar un hecho que puede servir de ejemplo sobre la igualdad de la justicia y en ocasiones me pregunto si la leve calificación del famoso juicio a La Manada no se debió a que en aquel grupo de salvajes había un guardia civil y un militar, al fin pertenecientes a las instituciones que defienden el sistema.

Al parecer ése es el sistema que, según Enrique Santiago ellos, los autodenominados comunistas trajeron a España y es que, a los autodenominados comunistas les sucede lo mismo que a los autodenominados socialistas que, a fuerza de hacerse demócratas, dejaron de ser comunistas o socialistas porque para eso deberían haberse acordado del tercer punto del segundo lema de la Revolución Francesa: la Fraternidad y comprender de una vez que la Igualdad – ésta, sí, con mayúscula- no es sólo igualdad ante la ley sino ante cualquier otro aspecto de la vida, no puede haber democracia mientras existan las enormes desigualdades que hay en la actualidad, desigualdades que van creciendo año a año como han demostrado tantos autores en los últimos decenios algunos, como el propio Stiglitz, provenientes del mismo sistema.

Y que no me vengan diciendo que comunismo equivale a Estado del Bienestar. El llamado Estado del Bienestar nació de la mano de la derecha, primero como forma de quitarle a los socialistas –ésos sí lo eran- los importantes medios que estaban acumulando en base a ser ellos quienes atendiesen las necesidades de los obreros gracias a las cuotas que satisfacían a sus organizaciones, así la primera seguridad social estatal existente la fundó el no precisamente demócrata Bismarck y, en España, los primeros pasos se dieron bajo los mandatos de Maura y Dato unos decenios después. Luego, sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial, fue una forma de contener al comunismo. Es decir, el Estado del Bienestar se creó contra los intereses de los socialistas y los comunistas. En la actualidad, como los sindicatos, en líneas generales –siempre hay excepciones-, están domesticados y, desde luego, no existe ningún miedo al comunismo, los distintos gobiernos –todos los mismos perros con idénticos collares aunque con un nombre distinto grabado en cada collar- se han olvidado del Estado del Bienestar y, es más, las oligarquías quieren hacer negocio a su costa apropiándose de los hospitales, las escuelas, carreteras… siempre que haya beneficios que, si hay pérdidas, el Estado del Bienestar de la plutocracia o el socialismo al revés según lo denominan otros, ya se encargará de sacarles del atolladero.

Ésa es la democracia que nos trajo el PCE según Enrique Santiago y el comunismo que defiende. No es que tuviera una idea muy elevada del trabajo del PCE en la Transición pero defender eso en estos momentos me parece, como mínimo, chocante.

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