La economía-mundo a finales de la Edad Media

Llevamos ya varios lustros luchando contra la llamada globalización por considerarla cuna de grandes desigualdades entre las personas y las naciones pero este problema no es nuevo en absoluto. Al parecer, siempre que se ha producido un intento de globalización, se han incrementado las desigualdades y es que, en economía, cuando se reparte la tarta, siempre se hace a favor de unos pocos con lo cual la mayoría se queda con tan sólo las migajas mientras la minoría se queda con enormes porciones de la misma. Asi lo escribía Jacques Le Goff para los últimos siglos de la Edad Media:

 

“El siglo XV fue también un período de gran apertura de la economía europea. El gran historiador de este período es Fernand Braudel, quien definió para describirla y explicarla la expresión “economía mundo”. La economía-mundo es la construcción de un espacio en el cual tienen lugar cambios económicos regulares dirigidos por una ciudad o una región central, con el establecimiento de relaciones regulares entre Europa del norte, Flandes y el mundo asiático, y los grandes puertos italianos (Génova, Venecia). En el siglo XIV se habría constituido una economía-mundo europea que en el siglo XV tendría por centro Amberes. Esta organización habrá sido, después de la mundialización romana de la Antigüedad, se habría limitado al mundo mediterráneo, la primera gran mundialización moderna. Como todas las mundializaciones, ésta habría enriquecido en conjunto a las ciudades, las regiones, los grupos sociales, y a las familias que participaron en ella. Pero este enriquecimiento habría tenido como corolario al parecer el empobrecimiento de las víctimas de dichos intercambios. Muchas ciudades habrían visto cómo aumentaba la pauperización y la marginación de una parte importante de su población. Fernand Braudel ha subrayado que la mundialización no se limitaba al orden económico, sino que también se encuentra en el orden político y cultural. En política, la economía-mundo tendría como réplica lo que iba a llamarse el “equilibrio europeo”. Había nacido una Europa de globalización de los intercambios económicos, pero con el agravamiento de las desigualdades sociales y políticas.”

[LE GOFF, Jacques: ¿Nació Europa en la Edad Media?, Tr. Mª José Furió Sancho, Crítica (Barcelona, 2011, 1ª ed. 2003), p. 157]

Amancio Ortega, Inditex: «Tú eres mi esclavo, y sobre ti edifiqué mi imperio».

Comienzo de 0

Grupo InditexUna frase preferida de los encargados, aleccionados por los enlaces o representantes de Inditex: «Mira, si no estás de acuerdo, ahí están los negros deseando trabajar». —Libro “Amancio Ortega de cero a Zara”. La esfera de los libros, 2004. Pagina 100.

ZaraEsclavituddeMenores

La primera tienda Zara abrió en 1975 en A Coruña (España), lugar en el que inició su actividad el Grupo y en el que se ubican los servicios centrales de la compañía. Sus tiendas, ubicadas siempre en emplazamientos privilegiados, están presentes en más de 400 ciudades en los cinco continentes. Según Wikipedia, y -a mi modo de entender con la merecida cuarentena que pueda tener ésta-: Amancio Ortega Gaona (Busdongo, León, 28 de marzo de 1936) es un empresario español dedicado al sector textil. Es fundador, junto con su exesposa Rosalía Mera, y expresidente del grupo empresarial textil Inditex, cargo…

Ver la entrada original 1.602 palabras más

“Estos catalanes se van a enterar”

Ataque al poder

untitledLo he dicho en otras ocasiones: tengo que ir con pies de plomo con el tema catalán, ahora resulta que después de escribir Jaque al Virrey y Las mil caras de Jordi Pujol, donde se describía, en 1998, los 18 años de pujolismo en la Generalitat de Catalunya al poner patas arriba el “reinado” de Jordi Pujol, la saga and family, el jaquepartido y allegados. Si alguien me hubiera hecho el mínimo caso se hubiera podido atajar los cambalaches del sector de negocios convergente y sobre todo que los hijos de Pujol no se forraran a cargo del contribuyente. Me llevaron ante los Tribunales de Justicia (el Superior de Cataluña) y me trataron como un chalado insidioso, un calumnioso malintencionado y todo acabó en nada a pesar que me prometían las penas eternas del infierno. Las pruebas documentales les hizo recapacitar. A quien le tocó el Gordo de…

Ver la entrada original 1.257 palabras más

El niño feliz de Gaza

El Periscopio

niño.gaza

La foto la encontró mi amigo Gonzalo Semprún, y la veo a diario encabezando su twitter.  El niño, que viviendo entre violencia y los escombros que provoca, rescata el marco hueco de un televisor para sonreír a la cámara.

Podría pensarse que es un inconsciente, el chistoso del barrio, o un empecinado ser que apuesta por la felicidad. La variable fundamental es que él no puede resolver el conflicto. Su actitud desafía la barbarie, la denuncia.

Ya sabemos que tendrá momentos de tristeza o miedo cuando se apague el botón inservible del receptor roto, pero éste es cierto. El niño feliz, el niño valiente; la esperanza.

Múltiples focos nos llevan a la actualidad en este comienzo de año, pero he querido iniciarlo con este crío que aprovecha los escasos resquicios que le deja la vida para plantarle cara y luchar por ella. Con una rotundidad sin fisuras.

No lo tiene…

Ver la entrada original 59 palabras más

Yo aborté, y tu mamá también… (Y no sólo en Argentina)

Punts de Vista

image
“Iglesia, basura, vos sos la dictadura” y “Ustedes se callaron cuando se los llevaron”, fueron otros estribillos que se dejaron oír a las puertas de la Catedral, en clara alusión a la complicidad de la Iglesia Católica de Argentina con la más sangrienta dictadura que asoló el país entre 1976 y 1983.

Con balas de goma y una gran nube de gas lacrimógeno concluyó el pasado 11 de octubre el Encuentro Nacional de Mujeres que reunió en Mar del Plata a unas 65 mil personas que, de cara a la Catedral de los Santos Pedro y Cecilia, se manifestaron en reclamo del aborto libre y gratuito y exigieron la separación del Estado y la Iglesia.

El antecedente de esta multitudinaria concentración había sido la manifestación que el pasado 3 de junio, bajo el lema Ni Una Menos, tuvo lugar en las principales ciudades del país, con el objetivo de denunciar…

Ver la entrada original 458 palabras más

La dominación política II. La dominación política en tiempos de los faraones.

Lo que seguía sin duda era la necesidad de elegir algún jefe. Desde tiempos inmemoriales, el grupo humano había tenido un jefe -si bien hay que hacer notar que éste, en muchas ocasiones, apenas sí lo ha sido más que nominalmente, casi menos que un primus inter pares sobre todo desde que su fuerza dejó de ser necesaria para el grupo. Para profundizar en este punto, remito al lector interesado al capítulo noveno de Antropología cultural de Marvin Harris- y no veía la necesidad de cambiar las costumbres a pesar que, a medida que pasaba el tiempo, iba absorbiendo más y más prerrogativas e incluso ya no era él quien defendía el grupo sino éste a él pues era él quien tenía las mayores riquezas codiciadas, ahora, por otros grupos.

La vida humana ya no corría mucho peligro frente a las fieras. Se había inventado el arco, el escudo, yelmo y hasta coraza, todo de bronce. En algunas partes del mundo hacía tiempo que ya no se depredaba la naturaleza sino que se la dominaba: se araban los campos, varios tipos de animales habían sido domesticados viviendo en simbiosis con el hombre quien los protegía de sus habituales depredadores a cambio de cederle alguno de sus ejemplares como alimento así como leche, lana y fuerza de trabajo. Otros, en cambio, fueron utilizados como ayuda para la caza y la guerra pues ya los hombres luchaban unos contra otros. Había grupos con riquezas envidiadas por otros que no las tenían, los nómadas querían hacerse con las cosechas de los sedentarios y éstos no estaban dispuestos a compartirla.

Los reyes -ya no jefes, y el cambio es más que semántico- o príncipes se estaban quedando con el oro y las piedras preciosas. En las tumbas de la Edad del Bronce, en contra de lo que sucede durante casi todo el Neolítico, ya existen grandes diferencias entre las de los ricoshombres y el común de las gentes incluidos en este punto a los nómadas quienes, si no conseguían dominar permanentemente las civilizaciones a las que sometían debido precisamente a su carácter nómada, al menos copiaban en la medida de lo posible su estilo de vida.

En las grandes civilizaciones hidráulicas, la diferencia era abismal: desde las inmensas pirámides faraónicas al simple suelo del desierto. El primitivo jefe se había convertido en dios y los sacerdotes eran sus más fieles servidores -antes había sido al revés pero de estas peculiaridades ya hablaremos en el capítulo correspondiente-. Entre  ambos acaparaban la mayor parte de las riquezas y el pueblo trabajaba para ellos sin llegar a conocer muy bien cómo había sucedido aquel cambio probablemente muy lento para que una conciencia no formada históricamente pudiera apreciarlo. Para el fellah egipcio probablemente aquella situación hubiera durado siempre si bien algo quedó en el subconsciente colectivo que comenzó a forjar la mítica Edad del Oro que Cervantes sintetizó a la perfección: “¡Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron el nombre de dorados; y no porque en ellos el oro (que en esta nuestra edad del hierro tanto se estima), se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío[1] así como el jardín del Edén, una época en la cual el hombre no tenía que hacer otra cosa que alargar la mano para coger el fruto deseado, entre otras cosas, porque aún vivía en los árboles en la cálida África cosa que no podía ocurrir en otras partes del mundo colonizada posteriormente por los hombres. Pero estos mitos no pasaron de ahí. Eran otras épocas en la cual los dioses vivían entre los hombres y había gigantes en la tierra, todo un montaje preparado por príncipes y sacerdotes para que el común de las gentes no siguiera indagando en su subconsciente colectivo, comenzaba a funcionar la dominación de tipo ideológico pero esto es tema de otro capítulo.

Los faraones, poco a poco, fueron bajando de su alto pedestal a medida que las intrigas palaciegas fueron demostrando que no eran tales dioses -en la coetánea Ebla, el rey ni siquiera salía de su palacio quizá para que el pueblo no supiera que era un simple mortal y tales prácticas continuaron al menos hasta el tardo imperio romano cuando ni siquiera se podía ver al emperador el rostro dado que incluso en ocasiones sólo estaba presente tras una cortina y eso a pesar que ya el cristianismo se había apoderado del Estado-, que cualquiera no perteneciente a la primitiva familia del faraón y, por tanto, sin sangre divina, podía ocupar su puesto caso de tener la fuerza necesaria para ello. Naturalmente, para legitimar su poder, se casaban con alguna hija del anterior faraón –teoría, por cierto, puesta en duda en los últimos tiempos- y sus sucesores entroncaban en línea directa con los más antiguos reyes del Alto y Bajo Egipto aparte el inventarse nacimientos míticos al estilo del más conocido de Moisés pero que ya había utilizado con anterioridad Sargón de Acad y harían otros muchos líderes con posterioridad para legitimar sus ilegítimas aspiraciones pero la duda no cesaba por ello -naturalmente, como queda insinuado más arriba, el casarse con una hija del rey depuesto, no era exclusiva de Egipto, no hay más que recordar la boda que tuvo Alejandro Magno con Roxana, hija de Darío III, para hacerse coronar heredero de éste-, una duda que fue minando la propia seguridad de los faraones como se puede comprobar siguiendo la historia del arte: en un principio, ellos eran claramente los dioses. Es cierto que había otros pero él era la encarnación de Horus y se representaba en igualdad de condiciones a sus congéneres e, incluso, creo recordar que algunos dioses aparecían de tamaño menor pero, a medida que la propia fe del faraón perdía enteros, él comenzó a ser representado en actitud suplicante ante quienes seguían siendo sus congéneres pero, tras la revolución amarniana encabezada por Amenofis IV -más tarde Akhenatón- ese mínimo de seguridad despareció a pesar de los esfuerzos sacerdotales por mantenerlo al frente del panteón y entonces fueron ellos quienes se desligaron de la monarquía fundando, en sus dominios tebanos, una dinastía propia si bien por poco tiempo. Apareció una nueva que quiso revivir los tiempos del Imperio Antiguo, la época de las grandes pirámides pero era una dinastía que ya no se imponía al pueblo por el carisma divino del faraón sino por el peso de las armas de su guardia y el poder de su creciente burocracia. En realidad había sido un proceso mucho más antiguo pero ya se demuestra en toda su crudeza. Es en la época del Imperio Nuevo cuando aparece este fenómeno tal y como lo heredarían lo Ptolomeos -la dinastía Lágida, sucesora, en Egipto, del gran imperio de Alejandro Magno- y, mas tarde, romanos y árabes. Poco ha cambiado en el país del Nilo en los tres últimos milenios a pesar de las varias fachadas que se han sucedido en el mismo.

[1][I, IX]

Las Agencias calificadoras de neoliberales buenos y malos

El Periscopio

AGENCIASCALIFICACION

Las Agencias de Calificación suben la nota a España, un par de semanas después de que el ministro De Guindos se reúna con ellas en Londres.

Se la bajan a Madrid, a nivel de bono basura, dice el acreditado diario La Razón. Pero lo cierto es que existe una dura negociación, bochornosa según se aprecia en la grabación, en la que los guardias del dinero se interesan hasta por la subvención pública a la Escuela de Tauromaquia. Tema esencial al parecer para conocer la solidez de las inversiones. El País, ay, el País, le dedica -entre otros- un editorial a la decisión de la alcaldesa Manuela Carmena de dejar de pagar a las citadas Agencias y salirse del “master”. Esas cosas no se hacen, dicen, cuando se deben 4.000 millones, gracias a la gestión de dos grandes adalides del PP: Gallardón y Botella.

Malagón Malagón

En 2011 hablamos mucho…

Ver la entrada original 1.111 palabras más

Formas de dominación (II) La dominación política (I)

La dominación política de unos hombres sobre otros es el tipo de subyugación más antigua que se presupone, también la más natural y, por tanto, la más antihumana por cuanto no es creación del hombre como tal sino de sus ancestros simiescos.

Si por algo ha destacado el ser humano ha sido por intentar desligarse de todas las ataduras con sus ancestros no-racionales sin embargo, a pesar de una lucha titánica mantenida a través de muchos milenios para liberarse de la tutela de los gerifaltes de turno, nos encontramos en la actualidad con que el poder del Estado, la nueva forma de dominación, va creciendo día a día a pesar de lo que nos quieren hacer creer en la actualidad los detentadores del nuevo liberalismo. El control del Estado sobre cada uno de nosotros es mucho más estrecho que hace unos pocos decenios incluso en plena dictadura franquista. El Estado nos controla, sigue nuestros pasos minuto a minuto a través de las más variadas tecnologías y la gran pesadilla de Orwell parece que está a punto de ser realidad, quizá se equivocara en algunos decenios pero eso, ¿qué importa? Lo más curioso del asunto es que tal cumplimiento está sucediendo en una época en la cual han desaparecido los regímenes estalinistas de Europa -quizá porque  ya no sea necesaria una opresión tan burda como los viejos gulags- y son precisamente los llamados democráticos los que están llevando a cabo este proceso aunque es probable que Orwell no considerara democráticos a este tipo de regímenes como hago yo mismo e intentaré demostrar más adelante.

Quizás el mayor problema que nos encontremos quienes sí queremos vivir en un sistema democrático -ya se sabe aquello de todo para el pueblo, por el pueblo y con el pueblo o ese otro mucho más radical: Libertad, Igualdad y Fraternidad- es que al simple ciudadano no le importa gran cosa el recorte de sus libertades en aras de eso que viene denominándose “seguridad” pero… ¿qué tipo de seguridad puede ofrecernos un Estado que se debate constantemente entre la bancarrota y la dictadura? ¿Lo vamos a vender todo en aras a una paz ficticia, una paz que a lo único que se asemeja es a la paz de los cementerios?

¿Qué paz, qué seguridad son éstas?

¿Y cómo hemos llegado a este punto?

¿Cuál fue nuestro punto de partida?

Tres puntos y muchas interrogaciones entre ellos.

A todo trataré de responder en este capítulo si bien no debo dejar de olvidar que el dominio político de unas personas sobre otras va normalmente acompañado de otro tipo de dominación que ayuda o confirma ésta pero es ésta, precisamente, la que más claramente se manifiesta a lo largo de la historia. También, según todos los indicios, la primera ya que, como acabo de señalar, es la que nos retrotrae a nuestros ancestros no-racionales pues el hombre, como casi todos los simios, es, naturalmente, un animal social y en todas las especies sociales se da una cierta jerarquía, más marcada en unos casos que en otros pero muy fuerte entre casi todos los primates y simios en general con las lógicas excepciones. Los estudios que se han hecho sobre babuinos, gorilas y demás así lo demuestran.

En todos ellos hay un macho dominante y, a su alrededor, un grupo de machos secundarios siempre dispuestos a restablecer el orden cuando hay algún alboroto y a ocupar el puesto del macho dominante en cuanto éste desaparezca o bien dé alguna muestra de debilidad. Por ello, éste siempre ha de estar alerta y manifestando, con cierta frecuencia, su superioridad sobre los demás. Cualquier estudio de un etólogo al respecto puede servir para ampliar este aspecto por lo cual paso adelante sin más preámbulos aunque sí confesando que no soy un etólogo.

Así pues, nos encontramos con los primeros grupos humanos, unos animales bastante extraños que caminan erguidos pero que corren poco, con unas mandíbulas y unas garras poco adecuadas para el ataque o la defensa pero con algo fundamental: un cerebro muy desarrollado y, casi con toda seguridad, un tipo de lenguaje que le permite la enseñanza de sus conocimientos a sus descendientes.

En este momento, la enseñanza no es un privilegio sino una necesidad social, se deben enseñar todos los adelantos para hacer más efectiva la supervivencia del grupo además de transmitir los transmitidos por las anteriores generaciones.

Y así, ante el pasmo de cualquier observador imparcial, aquel animal, en nada adaptado al medio, no sólo sobrevivió sino que fue más poderoso cuando menos adaptado estaba físicamente a las condiciones medioambientales, una rara avis que se expandía por todo el planeta superando todo tipo de dificultades geográficas, siempre en grupo, siempre con un macho dominante pero este macho era el más fuerte, era aquél que más le interesaba al grupo por sus características para la defensa del mismo y era un jefe que era derrocado cuando no servía para su cometido e, incluso, según apuntan varios antropólogos, puede que el jefe derrocado sirviera de alimento al resto de la tribu, teoría de la cual se aprovechó Freud para construir su, en muchos aspectos, admirable Tótem y tabú  si bien ha sido muy criticada en numerosos puntos por cuanto para otros estudiosos lo que querían hacer al comer al viejo jefe era asumir su poder, su fuerza, como si en su carne estuviera concentrada la capacidad de volver a ser como él, o sea, una especie de reencarnacionismo.

Eran otros tiempos. El hombre, aunque físicamente negase las teorías de Darwin, en realidad, estaba luchando contra todos. Dejó de ser un animal frugívoro para convertirse en omnívoro: las primeras carnes que ingiriera probablemente fuese carroña e insectos así como sería escaso el porcentaje de la misma en sus dietas, porcentaje que fue incrementando a medida que se alejaba de las regiones tropicales hacia otras en las cuales las frutas son más escasas en algunas temporadas del año. El ser humano ya tenía una serie de armas que le permitían defenderse con bastantes probabilidades de éxito frente a los grandes carnívoros incluso de forma individual pero, aun así, el hombre no se encontraba a gusto fuera del grupo, era a él a quien le debía su existencia, quien le defendía y alimentaba pues todo debería ser, más o menos, en común si bien es posible que el jefe fuese quien se llevase la mejor parte como suele suceder entre algunos carnívoros.

Y ya el jefe, a medida que las técnicas cinegéticas se fueron perfeccionando, no tenía por qué ser el más fuerte. Quizás aún, para elegirle, deberían luchar los machos entre sí y el vencedor quedaría como jefe pero éste debía mostrar ahora más inteligencia pues cazar animales más rápidos que el hombre y, en ocasiones, más fuertes requería más destreza que fuerza y, a partir de este momento, comenzó a valorarse la experiencia, ya los jefes no deberían temer servir de alimento a sus subordinados -si bien es posible que entonces naciera el rito de comer sus cerebros, rito que parece atestiguado por el ensanchamiento artificial del foramen magnun, el lugar por el cual el cráneo se une al cuello- y las institución comenzó a tener forma.

Primero fue una necesidad meramente defensiva, ahora lo era ofensiva.

En algún momento, sin que quizá nunca se llegue a conocer el por qué, a pesar de las muchas teorías avanzadas al efecto, la institución comenzó a hacerse hereditaria. Puede que, en un principio, se prefiriera como jefe a alguien emparentado más o menos directamente con el anterior aunque es seguro que habría disputas entre los diversos aspirantes como la ha habido hasta tiempos tan recientes que en España la última guerra carlista, o que, al menos, sus representantes se batieron todos juntos en el mismo bando contra los „otros“, terminó en 1939.

Más adelante, cuando muriera un jefe que hubiera dejado grato recuerdo, se podría llegar fácilmente a la conclusión que sus propios hijos eran las personas más adecuadas para sucederle y, evidentemente, en una hipotética lucha entre ellos era el mayor quien tenía mayores posibilidades de vencer -la eterna lucha entre Caín y Abel aunque de vez en cuando, podía aparecer un Jacob que triunfase sobre Esaú, es decir, la inteligencia sobre la fuerza bruta- y, en base a ello, se estableció con el tiempo el derecho de primogenitura si bien ya estamos en una época relativamente reciente y las diversas culturas han tenido sus propios métodos de elección del jefe, en teoría, más adecuado si bien éste siempre ha tendido a ser quien eligiera a su sucesor quizá para evitarse el ser comido en vida. De lo que no cabe duda es de que el hecho de creer que la capacidad para ser un buen jefe residía en la propia carne del mismo, bien pudo influir en el hecho de que, al ser conscientes los hombres de quiénes eran los hijos que traían al mundo sus mujeres, creyeran que éstos también podían tener en sus genes –claro que entonces no se sabía nada de genética y, en tiempos posteriores, se le dio el nombre de sangre azul para distinguirlos del resto de los mortales pero, según se ha podido comprobar empíricamente, su sangre era tan roja como la del resto de los humanos- la misma capacidad de sus padres.

Últimas víctimas del franquismo: solo hace 40 años

El Periscopio

27S.ultimasvictimasFranquismo

Sí, solo hace 40 años. Cinco jóvenes fueron ajusticiados el 27 de Septiembre de 1975 en aras de una de esas leyes que Franco sacaba de la gorra de los horrores.  Ángel Otaegui y Juan Paredes, militantes de ETA; y  José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz y José Humberto Baena, del FRAP. El dictador no hizo caso de la presión internacional, ni de la petición expresa del Papa Pablo VI. Los cinco fueron fusilados… al alba.

Apenas dos semanas después, en un ventoso y frío 12 de octubre, Francisco Franco enfermó y, tras una dura agonía, murió en su cama el 20 de Noviembre. Tenía 82 años, de los cuales había pasado más de 40 comandando una férrea dictadura, tras vencer en la guerra civil que desencadenó con su golpe de Estado al gobierno legítimo de la II República.

Los que vivimos aquellas últimas ejecuciones del franquismo y lo contamos…

Ver la entrada original 442 palabras más