Yo aborté, y tu mamá también… (Y no sólo en Argentina)

Punts de Vista

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“Iglesia, basura, vos sos la dictadura” y “Ustedes se callaron cuando se los llevaron”, fueron otros estribillos que se dejaron oír a las puertas de la Catedral, en clara alusión a la complicidad de la Iglesia Católica de Argentina con la más sangrienta dictadura que asoló el país entre 1976 y 1983.

Con balas de goma y una gran nube de gas lacrimógeno concluyó el pasado 11 de octubre el Encuentro Nacional de Mujeres que reunió en Mar del Plata a unas 65 mil personas que, de cara a la Catedral de los Santos Pedro y Cecilia, se manifestaron en reclamo del aborto libre y gratuito y exigieron la separación del Estado y la Iglesia.

El antecedente de esta multitudinaria concentración había sido la manifestación que el pasado 3 de junio, bajo el lema Ni Una Menos, tuvo lugar en las principales ciudades del país, con el objetivo de denunciar…

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“Para leer en 2050” por Boaventura de Sousa Santos

Algún día, cuando se pueda caracterizar la época en que vivimos, la principal sorpresa será que todo se vivió sin antes ni después, sustituyendo la causalidad por la simultaneidad, la historia por la noticia, la memoria por el silencio, el futuro por el pasado, el problema por la solución. Así, las atrocidades bien pudieron atribuirse a las víctimas; los agresores fueron condecorados por su valentía en la lucha contra las agresiones; los ladrones fueron jueces; los grandes responsables políticos pudieron tener una cualidad moral minúscula en comparación con la magnitud de las consecuencias de sus decisiones. Fue una época de excesos vividos como carencias; la velocidad fue siempre menor de lo que debía ser; la destrucción siempre justificada por la urgencia de construir. El oro fue la base de todo, pero estaba asentado en una nube. Todos fueron emprendedores hasta demostrar lo contario, pero la prueba de lo contrario fue prohibida por las pruebas a favor. Hubo inadaptados, aunque la inadaptación apenas se distinguía de la adaptación: tantos eran los campos de concentración de la heterodoxia dispersos por la ciudad, por los bares, por las discotecas, por la droga, por Facebook.

La opinión pública pasó a ser igual a la privada de quien tenía poder para publicitarla. El insulto se convirtió en el medio más eficaz del ignorante para ser intelectualmente igual al sabio.

Se desarrolló el modo a través del cual los envases inventaron sus propios productos y de no haber productos fuera de ellos. Por eso, los paisajes se convirtieron en paquetes turísticos y las fuentes y manantiales tomaron la forma de botella. Cambió el nombre de las cosas para que estas se olvidaran de lo que eran. La desigualdad pasó a llamarse mérito; la miseria, austeridad; la hipocresía, derechos humanos; la guerra civil sin control, intervención humanitaria; la guerra civil mitigada, democracia. La propia guerra pasó a llamarse paz para poder ser infinita. También el Guernika pasó a ser un mero cuadro de Picasso para no estorbar el futuro del eterno presente. Fue una época que comenzó con una catástrofe, pero que pronto logró convertir catástrofes en entretenimiento. Cuando una gran catástrofe sobrevenía, parecía ser sólo una nueva serie.

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Los sistemas representativos, ayer y hoy (I)

[…] toda historia local, nacional o regional tiene que ser, en aspectos importantes, una historia global[1].

Según las teorías clásicas de la economía, una sociedad funciona, cual si fuera una persona, apoyada en dos piernas que serían el capital y el trabajo ambos igual de imprescindibles y de necesarios. No obstante hace ya bastantes años que parece como si una de las piernas fuera mucho más importante que la otra y así hemos conseguido una sociedad coja, una sociedad en crisis que, por el momento, es sólo económica pero que, muy probablemente, con el tiempo se convierta en total.

Porque es cierto que la sociedad es capaz de aguantar un palo tras otro sin apenas rechistar como está sucediendo actualmente pero llegará un momento en el cual haya demasiadas personas que no tienen nada que perder excepto el miedo y, cuando éste desaparezca, puede ser el caos porque en la actualidad no existen teorías que puedan encauzar el odio que, poco a poco, se está acumulando en las personas un poco al estilo de lo que sucediera durante el siglo XVIII francés porque, desengañémonos, los ilustrados, en líneas generales, no fueron el alba de una nueva época sino el ocaso del Antiguo Régimen. La mayor parte de sus representantes fueron partidarios, entre otras cosas, del llamado absolutismo ilustrado, aquél que proclamaba “todo para el pueblo, por el pueblo y sin el pueblo”, el hecho de que el pueblo pudiera participar en la toma de decisiones que les afectaban era tomado como algo fuera de lugar, contrario a las leyes prejuicio que, por cierto, heredaron los burgueses del XIX como se explicará en su momento.

Claro que hubo excepciones a esta norma. Uno de los primeros y, cronológicamente fuera de la Ilustración, fue Hobbes [1581-1679]. Hoy día se le conoce más por su apología del estado absolutista pero, leyendo el Leviatán, se puede entresacar que, en un principio, el hombre era libre y que sólo la coacción de los más fuertes, bien que consentida al principio, es la que mantiene al hombre bajo su poder.

Una diferencia fundamental –aparte otras muchas que no son del caso ahora- entre Hobbes y Rousseau [1712-1778] es que, mientras aquél pensaba que ese contrato que se había establecido entre la sociedad y el rey era inamovible y perpetuo, el ginebrino creía que era reversible y que, incluso, podían cambiarse los términos del mismo e, incluso, escribió que, en realidad, el contrato no es, como en Hobbes, para que el soberano cuide de la seguridad de sus súbditos sino que era un contrato entre iguales, punto éste fundamental para salir de aquel sistema. Y muy utilizado por todos los revolucionarios liberales a partir de la Revolución Francesa.

Otras dos personas que influyeron en lo que, posteriormente, sería el orden burgués serían David Hume [1711-1776] y el barón de Montesquieu [1689-1775]. El primero se ocupó en profundidad del tema económico defendiendo el librecambismo contra los fisiócratas, favorables a una hipotética balanza de pagos siempre favorable. Del segundo se adoptó la teoría de la división o independencia de los tres poderes como si los tres emanaran de principios diferentes. Hay que recordar, no obstante, que el barón preconizaba este sistema para algunos tipos de sociedades a la vez que defendía que la democracia sólo era posible en ciudades-estado del estilo de la antigua Atenas mientras para otros estados más grandes, la aristocracia –al estilo de la Inglaterra contemporánea- así como los grandes imperios necesitaban de la tiranía.

Pero ninguno de estos hombres ni otros tantos o más que puedo citar tenían una concepción del estado al estilo de que tuviera, siglo y medio después Lenin. Ciertamente los revolucionarios franceses extrajeron un poco de cada uno así como también de los revolucionarios estadounidenses pero sólo, poco a poco, pudieron construir un modelo de estado que, eso sí, había reducido el “pueblo” de los ilustrados a las clases medias. Para los burgueses muy pronto el conjunto de jornaleros, pequeños agricultores, artesanos y resto de trabajadores por cuenta ajena fue la “vil chusma” aunque en aquellos años revolucionarios se les conociera, en un principio despectivamente, como sans culottes, es decir, aquellas personas que no podían permitirse vestir los caros e incómodos calzones que utilizaban aristócratas y la alta burguesía durante el siglo XVIII aunque, eso sí, los utilizaron en su propio beneficio para, luego, dejarlos tirados en cuanto pretendieron mejorar sus condiciones de vida. Lo que estos burgueses olvidaron muy pronto es que, no muchos años antes, ellos también eran “vil chusma” para la aristocracia dominante.

Ya desde comienzos de la era de los sistemas representativos se mantuvo la asimetría que proviene desde los lejanos tiempos del Neolítico o poco después entre las dos piernas mencionadas al principio y, curiosamente, esta asimetría ha hecho que a lo largo de toda la Historia, excepto en alguna ocasión desperdigada en el espacio y en el tiempo, la pierna del trabajo fuera mucho más corta y delgada a los ojos de los contemporáneos que la del capital –se llame como quiera llamarse a la posesión de los medios de producción en los diversos lugares y épocas-. En realidad lo que siempre ha funcionado han sido las teorías de Hobbes según las cuales el Estado se hace más fuerte a medida que crece la fuerza de los más y siempre lo hace en su contra por cuanto, y ésta ya es una aportación mía, el Estado lo forman y han formado desde su nacimiento, las clases posesoras, al resto, es decir, la gran mayoría, sólo se la ha permitido existir para ser sus sirvientes y que ellos no tuvieran que mancharse las manos. No de otra forma puede entenderse la actual política de los gobiernos, muy en especial del español que es el que tenemos más a mano, según el cual hay que salvar a España –la patria, el estado o lo que quiera cada cual- a costa de los españoles. Así, mientras disminuye los presupuestos generales en 27.000 millones de euros especialmente en sanidad, educación, infraestructuras, servicios sociales, etc. aparte de una nueva ocurrencia a la semana siguiente de disminuir los gastos sanitarios y educativos en otros 10.000 millones, le da a Bankia más de 23.000 millones a la vez que el ministro que se cayó de un guindo dice que para los bancos habrá todo el dinero que haga falta… O sea, que España es la banca y cualquier otra gran empresa en peligro, el resto nos tenemos que sacrificar en aras de España como si fuésemos parte de una enorme hecatombe…

Se me podrá argüir que, desde comienzos del XIX hubo importantes luchas de los trabajadores contra los capitalistas, que en lo que hoy denominamos mundo occidental, las condiciones materiales y hasta espirituales de las clases trabajadoras han mejorado considerablemente y no seré yo quien diga lo contrario. Seguramente cualquier trabajador de los inicios de la Revolución Industrial y aún mucho después, hubiera querido vivir como lo hacen hoy sus homólogos pero es eso, las clases trabajadoras del mundo occidental porque, si ha habido algo que no han comprendido las teorías marxistas, anarquistas ni de otras corrientes es que ese bienestar conseguido no lo fue ni gratis ni a costa de los capitalistas. Aquel siglo largo que media entre el final de las guerras napoleónicas y el final de la Segunda Guerra Mundial [1815-1945] son los decenios del imperialismo, aquellos años en que, principalmente las grandes potencias europeas pero también USA y Japón, se hicieron con el control de Asia y África a la vez que dominaban económicamente a la América latina y fue la explotación inmisericorde de esas vastas regiones la que posibilitó que los capitales fueran cada vez más grandes y el nivel de vida de los europeos occidentales, estadounidenses y japoneses entre otros se beneficiaran de las migajas que dejaban los burgueses siguiendo las teorías de A, Smith.

Sólo durante un par de décadas –los años ’60 y ’70 en líneas generales- los altos impuestos de las sociedades occidentales junto a las primeras y únicas efectivas medidas que hasta el momento se han dado en el antiguo mundo colonizado, consiguieron que algunos países comenzaran a salir del enorme bache en que las políticas colonizadoras las habían hundido.

Pero poco dura la alegría en casa del pobre. Incluso antes de terminarse la década de los ’70 las políticas salvajes neoliberales del FMI impulsadas por las teorías de la Escuela de Chicago –en Chile y luego en toda Hispanoamérica los denominaron Chicago Boys incluso a los nacionales dado que todos se habían formado al amparo de Milton Friedman, máximo gurú de esa escuela- comenzaron a imponerse en todos los países tercermundistas si querían recibir “ayudas” de tal Fondo y, a la vez, se comenzaba a hablar y escribir en los medios contra los perjuicios que a la economía suponían los altos impuestos a las empresas y a las grandes fortunas y algo similar respecto a las regulaciones estatales de la economía puestas como freno a la expansión económica y eso en un mundo en el cual casi todos, ricos y pobres, veían cómo mejoraban sus estándares de vida pero los primeros nunca se ha sabido explicar excepto por una teoría: la codicia de los ricos pues es evidente que, desde la llegada de Reagan al poder, el pensamiento único neoliberal se ha ido imponiendo en todos los sectores cual si de una nueva religión se tratase (al fin se basa en creencias no en demostraciones empíricas) en todos los sectores especialmente en un mundo en el cual no existe libertad de información y no existe porque unos pocos medios controlados aún por menos sociedades, se han repartido todo el pastel de la información al crear inmensos emporios con los cuales no pueden competir los medios independientes. Y es evidente que, aunque alguno de ellos quiera entrar en el desprovisto nicho de la izquierda, no existe ni ha existido desde hace lustros ni tan siquiera un periódico que pueda denominarse de izquierdas entendiendo por tal cualquier ideología que pretenda cambiar el sistema en beneficio de la inmensa mayoría de la población.

No voy a negar que existan periódicos tanto en papel como en el espacio virtual de internet que denuncian las enormes desigualdades que existen en nuestro mundo así como proponen reformas que, hasta en ocasiones, son radicales pero nunca la supresión del capitalismo. Sería ilógico que una empresa capitalista arrojara piedras contra el sistema que le da pingües beneficios… y, si no a la empresa, sí a los empresarios, directivos y ejecutivos.

Y, todo hay que decirlo, esto no se arregla con buenas intenciones. El capitalismo ya ha dado de sí todo lo que podía dar especialmente cuando ha estado controlado por los poderes emanados del pueblo… luego, con sus enormes campañas propagandistas y sus no menores sobornos de todo tipo, es quien controla a esos mismos poderes hasta el punto que han impuesto un sistema híbrido liberal-socialista: liberal cuando hay que repartir las ganancias y exigir desregulaciones y bajadas, cuando no supresiones, de impuestos; y socialista  cuando hay que “repartir” las pérdidas entre el común de los ciudadanos –cada vez más, súbditos-. Es el axioma: “Yo gano, vosotros perdéis” tanto da si hay pérdidas como ganancias aunque, eso sí, siguiendo las tonterías –que no teorías- de A. Smith, si hay ganancias y se encuentran de buen humor, es posible que nos dejen comer sus migajas porque, en la actualidad, nos están quitando cualquier posibilidad de sobrevivir con un mínimo de dignidad.

Pero, no existen ideologías alternativas válidas para nuestra época. Desde los tiempos de Lenin, Kropotkin o Trotsky, todos los ideólogos que ha habido se han dedicado a darle vueltas y más vueltas tanto a éstos como a los más antiguos como Marx o Bakunin. No es el camino más adecuado. Todos ellos escribieron para una sociedad que, en ocasiones, ni tan siquiera eran industriales sino protoindustriales y quizá la mejor prueba de ello es que tales ideas sólo triunfaron en países fundamentalmente agrícolas como lo era la Rusia de los zares y la China posterior a la Segunda Guerra Mundial. Cuando tales gestas llegaron a los contemporáneos occidentales, la labor de zapa hecha por los medios capitalistas había conseguido sus propósitos. Incluso se creía que se podía conseguir un sistema socialista o comunista (socialdemocracia y eurocomunismo) por medios pacíficos siguiendo las pautas del sistema representativo pero también en esto se equivocaban.

[1]BAYLY, C. A.: El nacimiento del mundo moderno (1780-1914), p. XXIV

Cómo hemos llegado hasta aquí

Historia magistra vitae et testis temporum – La historia es maestra de la vida y testigo de los tiempos [Cicerón]

Cuando vemos cómo acontece el devenir del ser humano parecería que la cita ciceroniana no tendría ningún valor: ¿Cuándo ha servido la historia como maestra? No, desde luego, en nuestros tiempos cuando vemos día tras día cómo se van reproduciendo los mismos errores del pasado sin que apenas casi nadie se entere de lo que sucedió en el pasado. Pero la culpa de que esto sea así no es de la Historia, la culpa es de su desconocimiento por parte de la inmensa mayoría de las personas y, sobre todo, de los ridículos planes de estudios que apenas ponen énfasis en su conocimiento como, en realidad, sucede con todas las materias humanísticas, aquéllas que hacer meditar al ser humano sobre su presente, su pasado y su futuro. Todas esas materias parecen estar relegadas a ser “marías” enfocándose su estudio como una retahíla de nombres, fechas y determinados acontecimientos que apenas tienen otro valor que el de reforzar la memoria pero no el de meditar sobre lo pasado porque, ¿alguien me quiere decir para qué servía conocerse la lista de los reyes godos que trajo a mal traer a tantas generaciones de estudiantes? Y lo mismo podría decirse de la sucesión de guerras, batallas, tratados y demás zarandajas.

Lo realmente importante es conocer cuál ha sido la evolución del ser humano, la intrahistoria que diría Unamuno, y cómo ha sabido enfrentarse –o no ha sabido que más ha habido de esto- a los distintos problemas que han ido surgiendo claro que, cuando la historia trata los denominados temas sociales o económicos apenas sí dedican un pequeño espacio a la inmensa mayoría de la población, los importantes siguen siendo los reyes, nobles o burgueses pero los campesinos y los trabajadores manuales suelen quedar en un segundo plano al menos hasta llegar a lo que se denomina Edad Contemporánea. En ocasiones porque no existen apenas documentos tanto escritos como materiales que nos digan algo de su vida pero en otros muchos por desinterés. Incluso es más fácil saber la vida de un esclavo en la antigua Grecia donde, a pesar de todo, eran una minoría, que de los labriegos, la gran mayoría de la población.

Naturalmente aquí no voy a resolver esta carencia entre otros motivos por falta de medios para ello y porque mi especialización lo es en historia contemporánea y muy en especial en el siglo XX español no obstante no voy a dedicarme a estos temas en exclusiva sino a todos aquellos que, de una u otra forma, puedan aplicarse al título de este blog, es decir, el conocer las causas que nos han traído hasta el punto en el cual nos encontramos y que nadie piense que la historia antigua nos queda tan lejana, en ella se fueron fraguando los distintos sistemas que los grupos dominantes han utilizado para mantenerse en el poder. Así la propaganda política se conoce desde la época de los primeros mesopotámicos y de los primeros egipcios pues no otra cosa son la “Estela de Naram Sin” o las pirámides… en realidad casi todas las obras de arte responden a este tipo de propaganda.

Espero poder cumplir con las expectativas que me he impuesto y que este blog sirva de ayuda para quienes quieran cambiar nuestro actual sistema por un mundo mejor.