La Historia en las cunetas

Antes de que la revista Nueva Tribuna se vea obligada a "censurar" este artículo de Herminio Trigo, lo reproduzco íntegro no sea que se nos olvide el nombre de Antonio Luis Baena Tocón

La Historia en las cunetas

El franquismo cometió cientos de miles de asesinatos que quedaron impunes. Lo hicieron con una crueldad inusitada y privaron además a los familiares de las víctimas del consuelo de poder velar y enterrar sus cadáveres de una forma digna y decente

Mis recuerdos se hunden en el secretismo con el que mi madre contaba, en voz muy baja, que en los años que duró la guerra y los que le siguieron, oía por las noches con verdadero terror las descargas de fusilería con que se asesinaban a los vecinos en la tapia del cercano cementerio de la Salud. Aprendimos entonces que había cosas que no se podían contar, como si nunca hubieran ocurrido y las escondimos tanto en el fondo de nuestra memoria que ha costado muchas décadas desempolvarlas.

El franquismo cometió cientos de miles de asesinatos que quedaron impunes. Lo hicieron con una crueldad inusitada y privaron además a los familiares de las víctimas del consuelo de poder velar y enterrar sus cadáveres de una forma digna y decente. Conmueve ver en estos días los restos mortales  que están desenterrando en las cunetas  o cualquiera de las fosas comunes que se están excavando. Sólo desde unas mentes rebosantes de odio se puede concebir tanta crueldad.

Pero la maldad del franquismo no se limitó a asesinar, también nos ocultaron a los niños en la escuela la historia de lo que ocurrió. Aprendimos que Franco, Queipo de Llano, Mola, Cascajo, José Antonio, eran unos héroes que  se sacrificaron por librar a España de judíos, masones y comunistas, La Iglesia Católica colaboró activamente en la salvación de las almas, aunque el precio fuese arrancarlas del cuerpo a tiro limpio.

Fue la salvadora de la civilización frente a las hordas de ateos y marxistas, aunque no nos explicaron muy bien qué hacían los obispos ocupando escaños en las Cortes.  La cultura se limitaba a leer los clásicos y a José María Pemán. Descubrí la existencia de Miguel Hernández de mayor y por mi cuenta. Los perdedores no existieron, Azaña fue el asesino del tiro en la barriga y Santiago Carrillo, el asesino de Paracuellos. Los maestros eran del Régimen, los anteriores de la República los fusilaron o represaliaron.

El resultado fue que varias generaciones  crecimos en la más absoluta ignorancia de lo que realmente ocurrió, nos cambiaron la historia, con el añadido del miedo que nos habían transmitido nuestros mayores. Esa ignorancia continuó cuando llegó la democracia. El ruido de sables en los cuarteles y el miedo a una repetición de la tragedia, hizo que nos conformáramos con la recuperación de las libertades y la democracia, que no era poco, pero nada de mirar hacia atrás. Una ley de amnistía para los asesinos y aquí no ha pasado nada. La Historia continuó enterrada en una cuneta.

Cuando remodelamos la plaza del barrio, la Asociación de Vecinos nos pidió que cambiáramos el nombre que tenía de Monseñor Fernández Conde.  No querían el nombre de un obispo para su plaza y nos pidieron que le pusiéramos el nombre del barrio. Por cierto, entre los vecinos había bastantes “comunistas”. Y el Pleno, por unanimidad lo aprobó. Hace muy pocos años que me enteré quién era Antonio Cañero y su comportamiento en la guerra civil.

El año pasado (2017) supe que el interventor que habíamos tenido en el Ayuntamiento durante los primeros años, Antonio Baena Tocón, fue miembro del Tribunal Militar que condenó a Miguel Hernández. Aunque en su momento lo hubiéramos sabido, poco se podía hacer, estaba amnistiado. Me adelanto a la posible acusación de que “los comunistas” consentimos tener de interventor  a un sujeto como ese.

Es un sarcasmo que los representantes políticos de esta derecha del PP, empeñados en parecer herederos del franquismo, utilicen nuestro desconocimiento, fruto de la represión sufrida en la dictadura, como argumento político.

Ahora las circunstancias han cambiado, estamos conociendo la verdad de lo que pasó por investigaciones realizadas por historiadores que se han hecho públicas.

Estamos conociendo la historia que nos ocultaron, estamos sacando a la historia de las cunetas en las que la enterraron. Ahora existe una Ley de la Memoria que obliga a recuperar los restos de las víctimas y a borrar de los espacios públicos los nombres de los represores. Su aplicación está llevando a reparar ese espacio negro de nuestra historia, muy tarde, es cierto, pero es la consecuencia del miedo que sembraron durante cuarenta años.

Llevaba razón el dictador asesino, “lo dejo todo atado y bien atado”.

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¿Para qué sirve la historia?

De Re Historiographica

         

Gonzalo Pontón

Editor e historiador. Premio Nacional de Ensayo 2017. La lucha por la desigualdad: una historia del mundo occidental en el siglo XVIII (Pasado &Presente, 2016)

                                                                             

A la memoria de Josep Fontana

 

Con motivo de la fiesta del 12 de octubre último, el presidente del Partido Popular, Pablo Casado, evocó la “Hispanidad” (la pronunciaba, sin duda, con una ‘h’ mayúscula) afirmando que era “el hito más importante de la humanidad y la etapa más brillante del hombre”.

La “hispanidad” es un concepto acuñado y definido por el obispo católico integrista Zacarías de Vizcarra y por otro vasco católico militarista y fundamentalista, Ramiro…

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 Fontana: el maestro en su biblioteca

De Re Historiographica

 Gonzalo Pontón

Editor e historiador. Premio Nacional de Ensayo 2017. La lucha por la desigualdad: una historia del mundo occidental en el siglo XVIII (Pasado &Presente, 2016)

Josep Fontana i Lázaro (1931-2018) nació, literalmente, entre libros. Su padre era un librero “de viejo” que tenía el almacén en el mismo piso familiar, primero en la calle Boters y más tarde en la  llamada entonces Conde del Asalto, en la ciudad de Barcelona. En aquella época, “de viejo” significaba que se podían encontrar en la librería desde novelas policíacas –por ejemplo las de la “Biblioteca Oro”—hasta un libro gótico o un incunable. Fontana recordará , muchos años después, que en aquella vivienda-almacén “podía pasar largas horas disfrutando de todos los tesoros que había en los estantes, en la que fue tal vez la mejor escuela que nunca haya tenido”. Cuando el futuro maestro de historiadores tenía siete años, su…

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¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Luis de Guindos

Como escribía en otro post, nos están quitando cualquier posibilidad de sobrevivir con un mínimo de dignidad. Hay incluso ministros que se niegan a que suban los salarios porque ello haría que se perdiera competitividad y eso en un país donde la competitividad está en el turismo… supongo que querrán que los camareros sigan teniendo salarios de mierda para que se pueda mantener el número de turistas que entran en nuestro país como si eso fuera a suponer que vinieran más turistas o, al menos, que éstos dejaran más dinero en sus visitas cuando de todos es conocido que una gran parte del nuevo turismo se debe a los problemas políticos y económicos del norte de África donde iba una buena parte de esos nuevos turistas.

Además, en España el número de millonarios no deja de crecer y eso parece que a los ministros como Guindos no les importa en absoluto a la vez que desciende dramáticamente la parte de los salarios en la renta nacional porque será cierto que el número de desempleados ha descendido pero ¿a costa de qué? Incluso un periódico que ha cambiado drásticamente su línea editorial como El País, editorializó hace un mes:

“El hundimiento de la participación de los salarios en la renta nacional tiene que corregirse, so pena que empiecen a aparecer burbujas de inestabilidad social y aumente el grado de pauperización”

Claro que el grado de pauperización no ha dejado de aumentar en los últimos diez años como ponen de manifiesto una y otra vez organizaciones de todo tipo tanto nacionales como internacionales así como está aumentando la división entre las clases más pudientes y las menos, el famoso índice GINI nos coloca en el segundo país más desigual de la Unión Europea tan sólo por detrás de Rumanía. Es decir, los beneficios empresariales no reinvertidos pueden aumentar de forma exponencial pero no así con los salarios, el reparto de ingentes beneficios no perjudica la competitividad de las empresas pero sí el subir ligeramente la participación de los salarios en la renta lo cual, todo hay que decirlo, a la postre irá en contra de los intereses empresariales por cuanto la inmensa mayor parte de lo que se produce en España se consume en nuestro país y si la mayor parte de los habitantes no tiene una cantidad de dinero suficiente para más que sobrevivir, será escaso el que puedan gastar por lo cual, antes o después, muchas empresas deberán cerrar provocando más paro, menos ingresos y menos dinero en circulación lo cual traerá el cierre de más empresas y… el pez que se muerde la cola.

 

Mujer Cromagnon

Lo que me vengo preguntando desde que apareció la actual crisis-estafa es cómo es posible que hayamos llegado hasta este punto precisamente cuando parecía que estábamos empezando a salir del largo túnel en el cual nos había introducido el franquismo pero, a medida que estudiaba una época, me daba cuenta que había causas más antiguas y, de esa forma, no he dejado de retroceder hasta prácticamente la Prehistoria cuando, probablemente después del Neolítico, comenzaron a establecerse diferencias entre distintos grupos humanos. Puede que antes también las hubiera pero nuestros conocimientos de aquellos tiempos son insuficientes como para establecer ninguna conclusión seria, comparar, como han hecho muchos autores, aquellos tiempos con las sociedades de cazadores-recolectores que han persistido hasta la actualidad tiene serios problemas. El primero son los varios milenios transcurridos desde entonces, milenios que no han sido inútiles para esos grupos. El segundo, es la diferencia que existe entre unos y otros grupos: así como los hay que se les cree bastante pacíficos y sin apenas jerarquías sociales como los ¡kung (más conocidos como bosquimanos), los hay sumamente jerarquizados y violentos como los yanomani en el Amazonas; y, tercero, por no seguir acumulando las posibles diferencias entre los paleolíticos y los actuales cazadores-recolectores, todos ellos han tenido algún tipo de contacto con otras civilizaciones más desarrolladas tecnológicamente aunque si tomamos los dos ejemplos antes citados como válidos a escala universal, veremos que, a mayor jerarquización, mayor violencia, un aspecto que sí puede extraerse a lo largo de la historia aunque siempre pueden hallarse algunas excepciones a la regla por cuanto la historia no es determinista, existen tendencias más o menos claras pero sólo son eso, tendencias, así el Imperio Británico dominado por un sistema cuasi democrático, se expandió por todo el mundo utilizando la violencia claro que tampoco era una sociedad no jerarquizada como no lo es la estadounidense y ésta más en los últimos decenios. La existencia de elecciones para elegir a los grupos dominantes no implica ausencia de jerarquización.

Lo que quiero explicar a partir de hoy es cómo la sociedad actual ha llegado al extremo que ha llegado donde, por ejemplo, produciéndose alimentos para doce mil millones de personas o más, hay cerca de un millar de millones que pasan hambre y sed de forma permanente y otros dos o tres millares de millones están dentro de lo que se denomina pobreza relativa, es decir, dependiendo de los países, con el peligro de pasar hambre o pasándola en determinadas épocas o bien de no tener acceso a los considerados bienes básicos en la sociedad occidental.

Sé que no es una tarea sencilla la que me propongo pero creo que es necesaria por cuanto, desde mis conocimientos historiográficos, nadie ha emprendido tal tarea. Una cosa es estudiar la historia universal o alguna parte de ella y otra muy distinta explicar por qué nacieron y se mantuvieron las diferencias entre unos grupos y otros a lo largo de, al menos, seis milenios.

“El poder usa las fronteras para limitar el acceso de los pobres a salarios más altos” Entrevista de ÁLVARO GUZMÁN BASTIDA a REECE JONES

¿Por qué se han convertido en cementerios las fronteras del mundo? Tan incómoda pregunta rondaba la mente del geógrafo Reece Jones (Virginia, 1976) cuando escribía su penúltimo libro. Tras quince años estudiando el fenómeno migratorio, Jones terminaba un trabajo sobre tres fronteras concretas –las que separan EE.UU. de México, Israel de Palestina e India de Bangladesh– cuando se percató de que las muertes en esos y otros puntos fronterizos no paraban de aumentar. Decidió investigar por qué. El resultado, Violent Borders,es una demoledora radiografía de la violencia en las fronteras de todo el mundo. A través de un minucioso análisis histórico, jurídico, sociológico y económico, trufado de historias personales de los migrantes que tratan de cruzar esas fronteras, Jones dibuja un siniestro panorama en el que las políticas diseñadas para limitar la migración fracasan en ese propósito, y en cambio desvían los flujos migratorios hacia rutas más violentas, llenando las fronteras marítimas y terrestres de cadáveres. Jones, profesor de  geografía en la Universidad de Hawaii, atiende por Skype a CTXT para detallar las causas y consecuencias de la violencia fronteriza y exponer su propuesta para solucionarla: abrir las fronteras a las personas y ponerle coto al capital.

Dedica gran parte del libro a examinar las causas y efectos de la migración a nivel global. ¿Qué ha descubierto acerca de los motivos que llevan la gente a emigrar? 

Varían mucho según el lugar de origen y las circunstancias. Por un lado, existe un gran grupo de sirios y eritreos que cruzan a Europa huyendo de la violencia o la represión estatal. Por otro, hay otra mucha gente que emigra por motivos económicos, al escasear el trabajo y las oportunidades en los lugares donde viven y existir estos en otros países. Por ejemplo, los sirios han sido mayoría entre quienes viajaban a Europa en los últimos años, pero hasta el momento en 2017 el país de donde más gente cruza el Mediterráneo es Bangladesh, donde no hay una guerra sino necesidad económica, y gente que toma la decisión de salir en busca de oportunidades.

Uno de los asuntos centrales de su trabajo es la erosión del derecho a la libre circulación de las personas. ¿Cómo se ha limitado ese derecho?

Existe una larga historia de Estados y gente en posiciones de poder que usan las restricciones a la libre circulación de las personas para limitar el acceso de los pobres a salarios  más altos. En el libro, trazo una conexión entre el sistema actual y la esclavitud, la servidumbre, el feudalismo y las leyes de pobres, vagos y maleantes. Todos eran mecanismos para limitar la capacidad de los pobres de desplazarse para buscar salarios  más altos y para obligarles a seguir viviendo en una zona concreta, y así acceder a su mano de obra y explotarla para lucrarse. Hoy en día vemos un proceso similar a mayor escala. Lo que antes sucedía dentro de cada país ahora sucede entre países, de modo que los pobres hoy están ‘contenidos’ por fronteras, pasaportes o el concepto de ciudadanía, produciendo una relación muy parecida a la de antaño. Desde hace cien años se está erosionando el derecho a la libre circulación. En EE.UU., por ejemplo, no hubo  ninguna restricción sobre quién podía entrar en el país hasta la década de 1880, con la Ley de Exclusión China. Hasta 1924, el país no tuvo un sistema universal que regulase  quién podía entrar en él o convertirse en ciudadano, y muchos de los pobres de Europa pudieron hacerlo a finales del XIX.

Dedica el primer capítulo del libro a la que llama “la frontera más mortífera del mundo”, en referencia a la que rodea a la UE. ¿Cómo pasó Europa de desmantelar las fronteras nacionales hace un par de décadas a convertirse en una fortaleza, y por qué es la frontera más letal del planeta?

En cierto modo, la narrativa de que la UE ha eliminado las fronteras es falsa. Más bien las movió de sitio. Aunque es cierto que la UE eliminó las divisiones entre sus países miembros, nunca deshizo las fronteras externas. Todo lo contrario. En los últimos veinte años, mientras aumentaba el número de migrantes, la UE ha dedicado gran empeño a restringir el movimiento, en especial en el Mediterráneo. España, por ejemplo, permitió el libre movimiento desde el Norte de África hasta que se unió al Tratado Schengen, en los noventa. Francia permitía sin restricciones reales la inmigración de África durante los ochenta. Tanto en la frontera Sur de EE.UU. como en las de la UE, se observa una tendencia clara: mientras se levantan muros, se endurecen los controles migratorios, se destinan más agentes a patrullar los espacios fronterizos, no se consigue el objetivo de frenar la inmigración, pero sí que se disparen las muertes. En 2017, mueren dos personas de cada cien que intenta cruzar el Mediterráneo. Esa cifra era de 0,3 en 2015. Hay muchísimos más barcos patrullando, y se han construido muros, por ejemplo en los Balcanes, cerrando una ruta de acceso relativamente fácil a la UE. Todo este endurecimiento empuja a la gente hacia rutas  realmente peligrosas y hace que muera mucha más gente en los viajes.

Al describir la frontera entre México y EE.UU., relata una sorprendente historia: dicha frontera no se marcó con piedras hasta 1890, y no se empezó a patrullar hasta 1924.

La Patrulla Fronteriza de EE.UU. se creó en 1924, que fue el mismo año en el que se aprobó por primera vez una ley migratoria nacional. Ambos hechos están íntimamente relacionados. Había policía patrullando las zonas limítrofes antes de eso. No cabe duda de que hubo un proyecto coordinado de ‘anglicanización’ de esos espacios, de expulsar a los nativos americanos y a lo antiguos ciudadanos mexicanos que se habían quedado en Texas. Pero la línea fronteriza en sí misma no se patrullaba. La gente podía cruzarla libremente.

Describe cómo esa misma frontera se militarizó tras el 11-S. ¿Que llevó a su  militarización y cuáles fueron las consecuencias de la misma?

Son tendencias que se remontan a finales de los noventa, pero que se aceleran tras el 11-S, cuando empiezan a llover los fondos gubernamentales. Entra una gran cantidad de dinero en la Patrulla Fronteriza y el Departamento de Seguridad Nacional, que lleva a la militarización de la frontera. Cuando hablo de militarización, me refiero a varias cosas. En primer lugar, al reciclado de tecnologías bélicas desarrolladas para Iraq o Afganistán, utilizadas ahora en la frontera. Luego está el creciente número de veteranos de esas guerras, que al dejar el ejército ingresan en la Patrulla Fronteriza. Hay una ley en el Congreso ahora mismo, impulsada por John McCain, que pretende agilizar ese proceso al facilitar la contratación de veteranos de guerra para hacer de guardas fronterizos. Luego está el cambio de mentalidad de los propios agentes. En los setenta y ochenta eran muy parecidos a la policía: buscaban a gente que infringía la ley migratoria o de tráfico de personas, a los que arrestaban y mandaban de vuelta a México. Desde el 11-S, se reimaginó la frontera como un lugar en el que detener el terrorismo, los agentes fronterizos hoy en  día piensan, y actúan, en la frontera como la primera línea de batalla contra el terrorismo. Una vez que se produce ese cambio de mentalidad, cambia la manera en la que interactúan con la gente. Tienden a pensar en las  personas como potenciales terroristas, y a recurrir a la violencia como primera opción, en lugar de respetar la presunción de inocencia.

Ha mencionado antes el papel de las fronteras para controlar el movimiento de los pobres. ¿Qué influencia tienen las diferencias de clase y el desarrollo desigual en la configuración de las políticas fronterizas?

Durante su campaña presidencial, Trump hablaba mucho sobre las fronteras, y su discurso se centraba en el impacto negativo de la globalización y la conexiones económicas transfronterizas en la clase trabajadora estadounidense. Pero esa narrativa obvia algo  fundamental: que el mismo impacto negativo se ha producido al otro lado de la balanza. Lo que ha hecho la globalización ha sido abrir las fronteras para el capital. Se han levantado las barreras para las corporaciones mediante todos los acuerdos de libre comercio que permiten que las grandes empresas operen en múltiples jurisdicciones, buscando los salarios más bajos, pero no se han abierto esas barreras para los trabajadores, que se ven contenidos en bancos de mano de obra barata. También se ha levantado las barreras regulatorias. Las grandes multinacionales acceden a diferentes regímenes regulatorios en los que no hay salario mínimo, ni protecciones medioambientales ni laborales, lo que permite que las corporaciones se queden con todos los beneficios. La globalización ha producido esa competencia a la baja, que ha perjudicado a los trabajadores de EE.UU. y Europa, pero también a los del otro extremo del mundo. Los beneficios resultantes han ido a parar a las corporaciones, lo que exacerba las desigualdades.

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Edgardo Lander: Ante la crisis de Venezuela la izquierda carece de crítica

Red Filosófica del Uruguay

Entrevista al sociólogo venezolano Edgardo Lander.

religion

Edgardo Lander no es sólo un académico, profesor titular de la Universidad Central de Venezuela e investigador asociado del Transnational Institute. Es una persona vinculada desde hace años a los movimientos sociales y a la izquierda en su país. Desde ese lugar, afirma que el apoyo incondicional de las izquierdas de la región al chavismo reforzó las tendencias negativas del proceso. Sostiene que las izquierdas a nivel global no han tenido “capacidad de aprender”, que terminan respaldando un “gobierno de mafias” como el de Nicaragua, y que cuando “colapse el modelo venezolano” es posible que simplemente “miren para otro lado”.

–Hace tres años caracterizaste la situación en Venezuela como la “implosión del modelo petrolero rentista”. ¿Ese diagnóstico sigue vigente?

-Lamentablemente, los problemas que pueden caracterizarse como asociados al agotamiento del modelo petrolero rentista se han acentuado. El hecho de que Venezuela ha tenido 100…

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Las subvenciones del PP a la Fundación Francisco Franco.

En este tema llevamos cuarenta años con la misma cantinela (en los cuarenta anteriores no había posibilidad tan siquiera en pensar en ello), ni que gobierne el PP ni que haga lo propio el PSOE se le retiran los fondos ni, lo que es aún más importante, los archivos a tal fundación

Estamos muy acostumbrados a que el Partido Popular ningunee completamente a las víctimas del franquismo. Dejando a 0 euros el presupuesto de la Ley de Memoria Histórica y sentirse orgulloso por ello (como bien dejo claro el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy) las declaraciones de Rafael Hernando, el decir que no hay fosas comunes en nuestro país, etc etc. Conocemos perfectamente como defienden que no sean juzgados torturadores como Billy el Niño, como permiten que siga habiendo calles con nombres de franquistas y monumentos que ensalcen la dictadura.

Por eso no nos ha extrañado la noticia que ha salido hace unos días, en la que se dice que el gobierno de Aznar, entre los años 2000 y 2003, subvención con 150.841 euros (es decir, unos 40.000 al año). Estas subvenciones se dieron no sólo para sus archivos, sino también para la difusión de su documentación. Y…

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La dominación política. III, Grecia y la ciudad-estado

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Mientras en el sur y el este del Mediterráneo seguía la teocracia, al Norte tuvo lugar un notable experimento que, por diversas causas, ha continuado siendo motivo para que grupos utópicos lo considerasen como un ideal a imitar hasta la Commune y, si se me apura, hasta los sucesos de mayo del 68: la ciudad-estado. Resulta aleccionador que, en el lugar donde más se ha tratado de volver a un sistema similar, haya sido en los regímenes más centralistas pues no debemos olvidar tampoco que un origen similar tuvo el movimiento de las Juntas durante la guerra de la Independencia y, posteriormente, el cantonalismo de la Primera República y, si se me apura, la revolución de las Comunidades castellanas contra Carlos V y, sobre todo, sus ministros extranjeros. Y es que la ciudad-estado no fue patrimonio exclusivo de Grecia, se extendió, como mínimo, por las tres penínsulas del Mediterráneo si bien en la italiana no tardaron en ser absorbidas por la Urbs por excelencia y de la Península Ibérica no tenemos testimonios directos pero sí muchos indirectos de griegos y romanos que hacen entrever un régimen similar si bien limitado a las zonas del litoral mediterráneo, aquéllas que más fácilmente se romanizaron. Debido a todo esto, nos vamos a centrar preferentemente en el fenómeno griego como más característico sin olvidar que la cultura sumeria nació en lo que hoy se podría denominar también ciudad-estado y puede que los antiguos nomos egipcios no fuesen sino residuos de tales instituciones si bien no debemos olvidar que tales sucedieron antes de la aparición de las grandes instituciones estatales aunque tampoco se conociera el estado centralista en las tres penínsulas mediterráneas.

Ya desde que entra en la escena histórica, tenemos una serie de estados que se apoderan de la geografía sin que ninguno de ellos parezca ejercer una hegemonía determinada sobre los demás, el mismo mundo cretense, anterior al peninsular, no está unificado, son varias las ciudades que se disputan la primacía pero sin que, al parecer, hubiera guerras entre ellas por cuanto sus zonas urbanas no estaban fortificadas, este fenómeno sólo aparece con el peligro aqueo que, al parecer, terminaría con su independencia pero, cuando Homero nos relata la peripecia común del mundo griego en el asalto a Troya, nos lo representa formando una gran cantidad de estados independientes si bien es cierto que bajo el mandato de los reyezuelos de Micenas (Agamenón) y Esparta (el ofendido Menelao). Se ha discutido mucho sobre si el mundo que representa Homero es el que vivió, sobre los siglos VIII y VII, o bien es un reflejo de antiguas historias: al parecer, fue más lo primero pero las excavaciones y otro tipo de testimonios nos dan a entender la fragmentación política de aquella península con lo cual el fenómeno conocido en los tiempos clásicos tiene una larga tradición. Resumiendo, hasta Filipo de Macedonia (una especie de Sargón de Acad respecto al mundo griego), el mundo griego nunca estuvo unificado al menos que conste para la historia aunque, eso sí, ellos tenían plena conciencia de pertenecer a un único pueblo, un pueblo que tenía dioses y cultos comunes y que se reunía cada cierto tiempo para celebrar sus juegos deportivos durante los cuales (especialmente los olímpicos), al contrario de lo que sucede en la actualidad, se suspendía cualquier tipo de hostilidad entres unas ciudades y otras pues los conflictos internos fueron el tono dominante de aquella historia que, por unas causas u otras, han quedado como un ideal para toda la Humanidad a pesar de las notorias desigualdades que en él existían pero centrémonos en el tema.

descarga            Cuando Grecia sale de la Edad Oscura, se nos aparece como una serie de minúsculos estados todos ellos gobernados por reyes. Ya los aqueos han desaparecido con excepción de Atenas y el mundo jónico (el mundo griego peninsular en la época clásica era más reducido que el actual pero, en cambio, tenía numerosas ciudades independientes en las costas de Asia, ciudades que se incrementarían con las colonias en el oeste mediterráneo) y han sido sustituidos por los dorios: el hierro se ha impuesto al bronce pero las estructuras siguen inmutables. Según Starr: “La polis se desarrolló a finales del siglo VIII a.C. Partiendo de la monarquía tribal, y continuó consolidando sus instituciones en los siguientes 300 años. Fundamentalmente fue la palanca de una organización política consciente y de la colonización griega”[1]. En estas pocas frases nos podemos inspirar para todo el estudio de Grecia hasta Alejandro porque, efectivamente, la monarquía (con excepción de Esparta y algún otro estado de menor importancia) fue abolida para ser substituida por una aristocracia ávida de riquezas y poder. Quizá nada nos pueda ilustrar mejor sobre el tema que la lucha de los pretendientes a la mano de Penélope y el final que éstos tuvieron a manos de Ulises y su hijo. La monarquía, para intentar mantenerse, debió apoyarse en el pueblo y, como siempre que esto ocurre, la aristocracia se unió en una piña dando fin a la monarquía por cuanto en aquel entonces los poderes del Estado no tenían la fuerza que han ido conquistando a través de los tiempos y la monarquía no se adquiría por derecho divino como ocurría en otras partes del mundo. Los nobles, para sentirse seguros y sin estorbos, crearon su propio sistema, una especie de democracia pero sólo para ellos que dejaba por completo desprovistos de derechos a los simples ciudadanos. Fue entonces cuando comenzaron los grandes conflictos sociales. Por aquel entonces no era extraño que los campesinos, endeudados, terminaran, tanto ellos como su familia, en la esclavitud al no poder hacer frente a los intereses usurarios sólo “En Beocia no hubo revueltas sociales, tan características de las ciudades griegas desarrolladas de los siglos III-VI a.C. La causa, desde luego, no fue ‘la estupidez de los cerdos beocios’, como decían despectivamente sus vecinos, los atenienses, sino las características particulares del desarrollo económico de la región […] En Beocia, un agricultor que poseyera aunque fuera una pequeña parcela, con una forma relativamente intensiva de efectuar su labor, podía subsistir“[2]  pero, como nos señala el mencionado autor, eso no sucedía en el resto y, para paliar este problema, el primer sistema que discurrió la aristocracia fue el de fundar colonias y con ello dar nacimiento al poderío marítimo que se mostraría más tarde frente a los persas –aunque quizás fuera al revés, primero el poderío marítimo que se conoce desde la semimítica Creta pasando por los micénicos-. Pero la colonización no era una solución sino un parche que no tardó en servir para otros fines aparte de colocar el excedente de población: también se utilizó para expatriar a los descontentos con el régimen imperante pero todo ello trajo consigo serias disensiones y luchas en el seno de las diferentes ciudades-estado hasta que comenzaron a aparecer los legisladores el más conocido de los cuales fue Solón (el caso de Esparta y Licurgo es distinto y se verá en otro capítulo). Éste abolió las deudas o, al menos, parte de ellas así como impidió la esclavitud por deudas y dividió a los ciudadanos en cuatro clases según su fortuna a efectos fiscales y políticos ya que, las dos primeras clases podían ser electores y elegidos mientras las dos segundas sólo lo primero lo cual, hasta cierto punto, era lógico ya que el ostentar un cargo era considerado como un honor que la ciudad otorgaba al elegido por lo cual éste debía hacer una serie de gastos que sólo estaban al alcance de los más pudientes lo cual era una forma como cualquier otra que tenía la oligarquía para perpetuarse en el poder. Pero las reformas de Solón no fueron del agrado de la mayoría. Como casi siempre que se tira por la calle de en medio, para unos se quedó corto y para otros demasiado largo debido a lo cual, sólo cuatro años duró la tranquilidad en Atenas según palabras de Aristóteles.

Debido a las múltiples tensiones comenzó a aparecer la figura del tirano, una figura denostada por la historiografía oficial por cuanto ésta pertenecía o estaba  sufragada por la aristocracia pero que no lo fue para el resto de los ciudadanos:

 

Para las poleis que la vivieron, la tiranía comportó un gran avance en la consolidación de sus estructuras económicas, sociales y culturales, ante todo, los tiranos atracaron el problema de la crisis agraria y repartieron tierras confiscadas a sus enemigos políticos, prestando semillas y aperos de labranza a los más necesitados y alentando la fundación de colonias por familiares o amigos.

“La paz social que ellos impusieron favoreció y estabilizó al campesinado como clase, futuro puntal de los regímenes isonómicos por aparecer (oligarquías y democracias). Por otra parte, las áreas de aparición del nuevo régimen fueron, sintomáticamente, aquéllas en que la economía urbana estaba mejor implantada”[3].

 

Es decir, seguían una política que hoy denominaríamos socialdemócrata aunque de una forma despótica denegadora de los derechos políticos  pero eso al pueblo no le importaba por cuanto hasta entonces, y que ellos recordaran, no los habían tenido nunca no obstante, de una forma u otra, también las tiranías fueron cayendo siendo reemplazadas nuevamente por la aristocracia pero ésta ya estaba tocada del ala, el pueblo sabía -o intuía- que tenía ciertos derechos, que un griego no podía esclavizar a otro, como mínimo un ateniense o un tebano a otro ateniense u otro tebano, pues todos eran iguales. Naturalmente la aristocracia no pensaba igual y volvieron los conflictos, las luchas, las matanzas…

Tras la expulsión de los tiranos (hecho que se produce casi simultáneamente en todas las ciudades que habían adoptado tal forma de gobierno casi como ha sucedido en nuestros días en Europa, primero la del Sur y luego la del Este) y unos comienzos titubeantes se hizo Clístenes con el poder y comenzaron otras reformas encaminadas a dar mayor protagonismo a las clases populares. Desde aquí, hasta la época de las Guerras del Peloponeso, los ciudadanos atenienses fueron adquiriendo todos la posibilidad de ser también elegidos y no sólo eso, además, cuando ocupaban sus cargos, les era retribuido el tiempo que éste les quitaba para sus asuntos domésticos con un equivalente a nuestro salario base (luego fue algo superior si bien hay que reconocer que en aquel entonces era un porcentaje mayor de la población el que se debía conformar con ese salario para vivir que en la actualidad española) de tal forma que los aristócratas ya no vieron tan ventajoso el ostentado por cuanto no era ya tanto un signo de distinción y los emolumentos muy escasos para ellos además, para evitar cualquier tipo de trampa electoral, se fue generalizando el uso del sorteo, es decir, una vez efectuada la votación, se sacaba de las, podíamos llamar, urnas, los equivalentes de las papeletas electorales hasta cubrir el cupo de las personas necesarias. Este sistema llegó a hacerse extensivo a todo tipo de magistraturas con excepción del de strategós o jefe militar que era elegido según el recuento de votos. De esta forma, Pericles pudo dominar la vida ateniense durante unos veinticinco años. También se introdujo la figura del ostracismo por la cual, cualquier persona acusada de buscar la tiranía, tras un proceso bastante más complicado del que algunos interesados autores han querido dar a entender, podía ser condenado a diez años de destierro pero sin perder sus  propiedades y volviendo al cabo de los mismos, a disfrutar de todos sus derechos civiles.

Naturalmente, hay que hacer algunas precisiones a esta visión de conjunto: sólo los ciudadanos tenían todos los derechos mencionados y, entre éstos, sólo los varones (en realidad, las mujeres no eran consideradas tales luego esta precisión sobra). Era un régimen en el cual la esclavitud tenía una importancia mayor cada vez y éstos, como siempre ha sucedido, carecían de los más mínimos derechos. Por otra parte, estaba el problema de los metecos que ha sido desorbitado por los historiadores tradicionales: estos metecos eran residentes extranjeros, es decir , personas que, debido a su oficio, normalmente mercaderes, o cualquier otra circunstancia, residían temporalmente en Atenas llegando en algunos momentos a formar una colonia considerable: como sucede en todos los estados actuales, éstos no tenían derechos políticos pero esto no es una causa para desprestigiar los logros de la democracia ateniense que sí tuvo otros defectos desde el punto de vista moderno, como el mantenimiento de la esclavitud y el imperialismo de que hizo gala tras las guerras contra los persas aspecto éste que supone, para los mismos historiadores, uno de sus grandes logros.

Una segunda precisión es que tal estado de cosas no fue general a Grecia, donde solían dominar las oligarquías como fue en Beocia o bien el caso excéntrico de Esparta. En cuanto a las oligarquías, ya hemos dicho, en líneas generales, cómo funcionaban y de Esparta nos ocuparemos en otro capítulo como ya ha sido señalado.

La tercera precisión es que estos sistemas -a excepción del sempiterno espartano- fueron trasplantados con mayor o peor fortuna a las colonias que, caso paradójico en la historia de este tipo de dominación, fueron en su casi totalidad independientes de la ciudad que les dio origen aunque mantuvieran con ella lazos fraternales pero no siempre y a ella trasladaron sus instituciones.

[1] STARR, Chester G.: “Historia del Mundo Antiguo”. Tr. ed. ing. 1965: E. Benítez. Akal. Madrid, 1974, pp. 232-233

[2] STRUVE, V. V.: “Historia de la antigua Grecia” Tr. ed rus. 1956: M. Caplpan y Equipo Editorial. Akal. Madrid, 1974, 4ª ed.: 1981, p , 152]

[3] TRONCOSO: El genio griego,  Información y Revistas. Madrid, 1988. p. 17

Artículo políticamente incorrecto en el Día Internacional de la Mujer

Hay ocasiones en las cuales conviene ser políticamente incorrecto aunque sólo sea para dejar las cosas claras. Hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer y, como no podía ser de otra forma, ha salido a luz el tema de la Igualdad de hombre y mujer en todos los aspectos algo con lo cual, siento decirlo, no estoy totalmente de acuerdo. Naturalmente que lo estoy en lo que concierne a la absoluta igualdad de Derechos, las mujeres tienen perfecto derecho a ocupar cualquier puesto de trabajo; a no ser molestadas en ellas por el simple hecho de ser mujeres; a acceder a la educación en igualdad de condiciones que los hombres que, a pesar de parecer práctica común en la sociedad occidental (no estoy tan seguro de ello pero, en fin…), no sucede lo mismo en otras muchas sociedades que, en conjunto,, suponen mucho más de la mitad de la población; a no ser violadas ni en la calle ni en sus domicilios y, sobre todo, a que nadie las mate o tan siquiera las maltrate porque las crea de su propiedad y, seguramente, me olvide más de un derecho pero éstos han sido los primeros que me han venido a la mente y, creo, más importantes. No, no discuto ninguno de esos derechos ni de cualquier otro que se me pueda argüir.

De lo que sí estoy en contra es del hecho de que las diferencias entre la mujer y el hombre sean sólo físicas que es el tema al cual se aferran muchas personas a la hora de explicar por qué las mujeres no acceden a determinados empleos al menos de forma tan masiva como en otros. Naturalmente el común de las mujeres no tiene la misma fuerza física que el común de los hombres, por algo existe un cierto dimorfismo sexual en nuestra composición, dimorfismo bastante similar al de los chimpancés pero, en contra, muy inferior al de los gorilas –nuestros dos parientes más cercanos en el reino animal- cuando los machos de esta especie pueden más que doblar el peso de las hembras e, incluso, la proporción muscular en el varón es aún mayor que la diferencia de peso y estatura pueden indicar no obstante las mujeres tienen otras habilidades que pueden compensar estas deficiencias como la mayor resistencia y capacidad de sacrificio. Recuerdo que mi suegra me contaba cómo, cuando llegaba la época de la siega, ellas iban con los hombres para recoger lo cosechado yendo tras ellos haciendo gavillas con el trigo pero, antes de salir de casa, ya se habían levantado antes que ellos y les habían preparado el desayuno y, por si no fuera suficiente, en plena canícula, ellas iban cubiertas de arriba a abajo para no ponerse demasiado morenas –en aquel entonces el bronceado no estaba aún de moda al menos entre determinadas capas de la población- mientras ellos era posible que sólo tuvieran puestos unos pantalones y un sombrero para soportar mejor el calor. Llegaba la hora de la comida y los hombres se sentaban a la sombra mientras las mujeres les servían la comida y, luego, cuando recogían todo y si tenían tiempo, se recostaban un rato para reiniciar la faena con sus maridos, padres o quienes fueran. Al atardecer regresaban al pueblo donde los hombres se  iban al bar o a la plaza para charlar de lo que les apeteciera mientras las mujeres iban a casa a preparar la cena, la comida del día siguiente, recoger y limpiar la casa –si no lo habían hecho por la mañana-, dar de comer a los animales del corral y, luego, servir las cenas a sus maridos, recoger todo y meterse a la cama cuando, quizá, los hombres ya llevaban un largo rato en ella. Es decir, trabajaban mucho más que ellos pues a sus labores tradicionales había que añadir la que hacían en el campo.

No, la mujer no está incapacitada físicamente para la inmensa mayoría de los trabajos y el hecho de que elijan unos en lugar de otros puede que no esté en la diferencia de fuerza física, al fin muchos niños han trabajado y siguen haciendo trabajando en labores penosas disponiendo de menor fuerza bruta que el común de las mujeres.

Si el problema estuviera en las diferente fuerza física, ¿por qué las mujeres y los hombres eligen mayoritariamente un tipo de carreras universitarias en lugar de otras? Y aquí empieza lo políticamente incorrecto.

Ya hace muchos años vengo pensando que las diferencias fundamentales entre unos y otros reside en los condicionamientos biológicos o genéticos. Si hay algo que una mujer no puede delegar en un hombre es el embarazo, el parto y la lactancia de los hijos, eso es algo que las mujeres han hecho siempre –en algunos casos la lactancia ha sido dejada a cargo de otras mujeres en unos casos por no disponer la madre de leche suficiente y, en otros, por simple comodidad o bien para poder tener más hijos, bien es sabido que, en el período de lactancia es más difícil que una mujer quede embarazada aunque no sea imposible ni mucho menos, casos conozco de lo contrario pero, al menos, es una creencia muy extendida- y eso es algo que condiciona su psique como la ha condicionado desde tiempos inmemoriales y no ya de nuestras antecesoras del género homo sino, incluso desde muchos millones de años atrás cuando los primeros mamíferos se movían a hurtadillas entre las patas de los gigantescos dinosaurios. En prácticamente todas las especies que se me ocurren de mamíferos, son las hembras quienes se preocupan de la crianza y sustento de las crías casi en exclusiva, los machos están únicamente para copular y para defender tanto el territorio de caza o de pastoreo y, sobre todo, para evitar que ningún otro macho se acerque a sus hembras, de ahí el acusado dimorfismo sexual de tantas especies que, en el caso de los herbívoros, apenas sí utilizan sus cuernos para defenderse de depredadores sino casi en exclusiva para atacar o defenderse de otros machos de su especie sobre todo cuando son sólo ellos quienes los poseen, caso de los ciervos como he visto en más de un documental en el cual se dejan matar por una manada de lobos sin haber utilizado para nada esas hermosas velas. Distinto es cuando ambos sexos los tiene, como los búfalos que suelen defenderse bien con ellos… pero esto es salirse de nuestro tema.

Como hemos dicho, las mujeres tienen en su código genético la crianza de sus hijos, para ellas eso es lo primordial –ello no obsta para que, dadas determinadas circunstancias, el infanticidio sea practicado mucho más frecuentemente por ellas que por ellos-, y no sólo se encargan de criarlos sino también de enseñarlos a procurarse alimento de ahí que, a la hora de decantarse por una profesión, las mujeres prefieran aquéllas relacionadas con la sanidad, la enseñanza y similares antes que, por ejemplo, a las ingenierías mientras los hombres están abandonado las primeras carreras mencionadas para dedicarse a las segundas y otras donde siguen siendo mayoría a pesar que nadie les impide a unas y a otras elegir otro tipo de carrera y que nadie me venga diciendo que las mujeres prefieren las carreras mencionadas por ser más fáciles, nada de fácil tiene terminar una carrera de Medicina y, si no me equivoco, ya son más las mujeres que las concluyen que hombres y, si vamos a las ingenierías, tengo una prima que, luego de haber acabado su carrera siendo la mejor o una de las mejores de su promoción y teniendo un doctorado cum laude, en lugar de dedicarse a la ingeniera stricto sensu y tras haber recibido varias ofertas de algunas empresas, al final decidió dedicarse a dar clase en el mismo lugar donde se había, entonces, graduado…  claro que ello la hacía quedarse en su lugar de origen –quizá por eso mismo decidió estudiar esa carrera en lugar de otra que la hubiera obligado a desplazarse aunque puede haber otras circunstancias en las cuales no quiero entrar porque son del ámbito privado aparte de especulaciones mías lo mismo que la querencia hacia su lugar de origen- y las mujeres están más apegadas a su patria chica que los hombres aunque esto no tengo muy claro si es biológico o cultural. No, las mujeres eligen un determinado tipo de carrera porque se adecua más a sus condicionamientos genéticos.

Y es que las mujeres y los hombres no sólo nos diferenciamos en que unas tengan vagina y los otros pene ni tampoco en que tengamos mayor o menor fuerza física así como capacidad de sufrimiento. Mujeres y hombres se diferencian también en los condicionamientos que una larguísima evolución ha ido implantando en nuestros genes, ahora bien, también nos diferenciamos del resto de los mamíferos en nuestra potente inteligencia y en tener la capacidad de superar esos condicionamientos, eso es lo que nos hace diferentes, lo que nos hace ver que, a pesar de las diferencias biológicas, podemos ser iguales en derechos independientemente de unas personas se dediquen a unas actividades y otras, a otras.

En otro artículo intentaré explicar cómo hemos llegado hasta este punto y cuáles son las diferencias que nos separan del resto de los animales.

¿Por qué se sublevaron los militares en 1936?

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Cuando hablamos de quiénes fueron quienes dieron comienzo a la Guerra Civil, sólo nos queda una respuesta: quienes dieron los primeros disparos sublevándose contra el poder constituido cuando una de sus obligaciones era precisamente salvaguardar ese poder. Mucho se ha escrito al respecto, multitud de páginas emborronadas intentando justificar lo injustificables: el Ejército debe defender a la patria contra sus enemigos y, obviamente, incluso aceptando esa teoría absurda del “enemigo interior”, ese tal enemigo no podía ser en ningún caso el propio Gobierno.

Ciertamente para que una parte importante del Ejército se subleve, debe haber alguna circunstancia que lo motive si bien todas las que han esgrimido sus defensores son espurias: ni media España quería matar a la otra media como dijera, entre otros, Gil Robles y recogiera más adelante Ricardo de la Cierva[1], el “historietógrafo oficial del régimen del 18 de julio”, según le califica Alberto Reig Tapia, ni existía ningún tipo de complot comunista según intentaron justificar algunos de los sublevados mediante panfletos falsificados al estilo de Los protocolos de los sabios de Sión que tanto hicieron para justificar la Solución Final de Hitler, ni tampoco nadie en aquellos momentos de 1936 pensó que aquella guerra era una continuación de la que se habría iniciado en Asturias casi dos años antes. Sí es cierto que, durante la campaña electoral que dio la victoria a la coalición del Frente Popular, la derecha “contrarrevolucionaria”, como se llamó a sí misma,  habló de que aquello no volviera a repetirse, no que se hubiera comenzado una guerra en octubre de 1934.

Podemos entender que muchos de quienes se rebelaron se hubieran creído la propaganda sobre el supuesto complot comunista teniendo en cuenta el precedente asturiano pero también hemos de saber que la mayor parte de quienes prepararon y/o encabezaron la rebelión tenían motivos personales para estar molestos con la República por varias causas: así tendríamos que el primer rebelde, el general Sanjurjo quien debería encabezar el gobierno que saldría de la sublevación y que ya había intentado hacer lo propio en 1932, había sido el último Director General de la Guardia Civil de la Monarquía a la cual no ayudó en sus postreros momentos sino que se puso al servicio del Gobierno Provisional desde un primer momento pero, tras los sucesos de Castillblanco donde fueron asesinados cuatro guardias civiles, los compañeros de éstos:

“Casi antes de que el gobierno hubiera tenido tiempo de apaciguar las cosas de Castillblanco, los hombres de Sanjurjo se habían tomado una venganza sangrienta que había causado la muerte a dieciocho personas. Tres días después de Castillblanco la Guardia Civil mató a dos trabajadores e hirió a otros tres en Zalamea de la Serena (Badajoz). Dos días más tarde un huelguista fue muerto a tiros y otro resultó herido en Calzada de Calatrava y un huelguista fue disparado en Puertollano (ambos pueblos en Ciudad Real), a la vez que hubo dos huelguistas muertos y once heridos en Épila (Zaragoza) y dos muertos más y diez heridos en Teresa (Valencia). El 5 de enero tuvo lugar la más atroz de estas acciones cuando veintiocho guardias civiles abrieron fuego contra una manifestación pacífica en Arnedo, pequeña villa de la provincia de Logroño, en el norte de Castilla. A finales de 1931 numerosos trabajadores fueron despedidos de la fábrica local de calzado en Arnedo por pertenecer a la UGT. Durante una protesta pública, la Guardia Civil disparó y mató a un trabajador y cuatro espectadoras, una de las cuales era una mujer embarazada, de veintiséis años, cuyo hijo de dos años también resultó muerto. Las balas hirieron a otras cincuenta personas, entre ellas gran número de mujeres y niños, algunos de muy corta edad. Durante los días siguientes otras cinco personas murieron a causa de sus heridas y a muchas tuvieron que amputarles alguna extremidad, entre ellas un niño de cinco años y una viuda con seis hijos[2]“.

Por si no fuera suficiente esta actitud de la “Benemérita”, el propio Sanjurjo habría hecho unas declaraciones muy poco afortunadas:

“El general Sanjurjo se indignó al saber que por la obligación de ir a Castilblanco no podría participar en un gran acto social en Zaragoza, donde debía figurar entre los testigos de la novia en la boda de la hija del vizconde de Escoriaza. El 2 de enero, cuando Sanjurjo llegó al pueblo, ocupado por un numeroso destacamento de guardias civiles, el oficial de mando señaló a los cerca de 100 prisioneros con estas palabras: «Vea usted aquí a los criminales; ¡mire usted qué cara tienen!». A lo que Sanjurjo respondió: «¿Pero no los han matado?». Trataron a los prisioneros con inconcebible brutalidad. Los tuvieron siete días y siete noches, desnudos de cintura para arriba, a una temperatura por debajo de cero grados, y los obligaron a permanecer de pie con los brazos en alto. Si caían al suelo la emprendían con ellos a culatazos. Algunos murieron de neumonía. Al hablar con los periodistas durante el funeral de los guardias asesinados, Sanjurjo acusó de todo lo ocurrido a Margarita Nelken [diputada extremeña]. Lamentó que se le hubiera permitido ser diputada parlamentaria «siendo extranjera y judía, circunstancia ésta que le daba una particular calidad como espía». A continuación comparó a los trabajadores de Castilblanco con las tribus de moros contra las que había combatido en Marruecos, y señaló: «En un rincón de la provincia de Badajoz hay un foco rifeño». Proclamó mendazmente que, desde el desastre de Anual, ocurrido en julio de 1921, en el que 9.000 soldados perdieron la vida, «ni en Monte Arruit, en la época del derrumbamiento de la Comandancia de Melilla, los cadáveres de los cristianos fueron mutilados con un salvajismo semejante»”[3].

Obviamente, tras todo esto, fue destituido como Director General de la Guardia Civil para ser designado como Director General de Carabineros, un puesto bastante inferior. A partir de ese momento, comenzaría a conspirar contra la República no dejando de hacerlo tras el indulto promulgado por uno de los gobiernos de Lerroux, hasta el día de su muerte producido, según su piloto, porque se empeñó en llevar una maleta con todas sus medallas lo cual impediría que el pequeño avión tomara altura con la suficiente prontitud para evitar los árboles.

A Queipo de Llano le sucedió algo parecido aunque éste, al parecer, había sido prorrepublicano hasta el mismo 1936 aunque lo de conspirador le venía en el ADN ya que hizo lo propio contra la Dictadura sin, al parecer, graves consecuencias. También fue nombrado Director General de la Guardia Civil pero, primero, su consuegro, Alcalá Zamora, fue destituido como presidente de la República y, poco después, él también vio cómo era relegado de su puesto al frente de la Guardia Civil para ponerle al frente los Carabineros. Él también utilizó este argumento para unirse a los conspiradores que nunca se fiaron mucho de él a pesar de su papel destacado en la represión en Andalucía y provincias colindantes que quedaron pronto bajo su férula.

La reforma militar de Azaña así como, sobre todo, la revisión de los ascensos logrados en Marruecos, también hicieron varios conspiradores: así, Mola vería rebajado su categoría de general de división a general de brigada mientras el propio Franco, aunque no perdiera esa categoría, veía cómo era relegado a los últimos puestos del escalafón pero es que éste, luego de haber tocado el más alto cargo que entonces podía tener un militar como tal, Jefe del Estado Mayor, era enviado a Canarias como Comadante General que no es que fuera un cargo de poca categoría pero sí de escasa relevancia y, sobre todo, alejado de la Península.

Otros varios altos cargos vieron cómo sus carreras se veían retrasadas debido a las revisiones de los ascensos de los africanistas pero no vamos a decir que éste fuera el motivo principal de la sublevación aunque sí lo fuera el de sus cabecillas. Las causas de la rebelión militar fueran muchas y muy diferentes pero sobre estos temas ya hablaremos otro día.

[1] DE LA CIERVA, Ricardo: Historia básica de la España actual, 374-375

[2] PRESTON, Paul: La Guerra Civil española, p. 68

[3] PRESTON, Paul: El holocausto español, p. 38