A vueltas con el populismo por Javier Franzé

El triunfo de Trump ha terminado de galvanizar el discurso antipopulista en España. Es un mismo discurso de gran circulación, presente en distintos medios masivos y enunciado por partidos, actores e intelectuales diversos. Sus puntos centrales definen el populismo así:

1. Puede ser de izquierda o de derecha, pero en cualquier caso es extremo y como los extremos se tocan, ambos son similares.

2. Es intolerante porque decide quién es parte del pueblo y quién no. No hay una voluntad general, sino una suma de intereses sectoriales contrapuestos.

3. Es un medio de conquista del poder que apela a las emociones, proponiendo soluciones sencillas para problemas complejos.

Estas características son muy similares a la versión clásica del populismo como anomalía y demagogia, como enfermedad infantil de la madurez democrática. Lo único que se incorpora de nuevo es la distinción de un populismo de izquierda y de derecha, y la idea del populismo como medio.

Tradicionalmente, el populismo fue definido por su contenido (programa, relación líder-masas, régimen político, ideología, base social). Ernesto Laclau en La razón populista (2005) propuso un giro conceptual definiéndolo por su forma y ya no por su contenido.

Las novedades que incorpora este discurso dominante se deben en parte a ese concepto propuesto por Laclau. Pero para entenderlas hay que mirar su conceptualización completa, no sólo una parte: Laclau define el populismo por contraposición al institucionalismo.

Populismo e institucionalismo se diferencian más que por lo que hacen, por cómo se representan eso que hacen.

Los dos hacen lo mismo: crear la sociedad. Pero ¿no es esto absurdo? ¿Cómo van a crear la sociedad si la sociedad siempre está ahí?

Lo que Laclau busca es llamar la atención sobre el hecho de que precisamente como la sociedad para nosotros siempre está ahí, no reparamos en cómo está constituida. Pero como miembros de la sociedad, la imagen que tengamos de ésta es clave para nuestra relación con ella. ¿Podemos cambiarla?, ¿Qué cosas se pueden cambiar? ¿En qué medida y cómo se pueden cambiar?

No es lo mismo pensar que un río se desborda porque los dioses nos castigan que porque hay una determinada combinación de factores que cabe conocer y controlar. La idea que tengamos de esto define nuestros deseos y objetivos en relación a la sociedad.

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