Yo aborté, y tu mamá también… (Y no sólo en Argentina)

Punts de Vista

image
“Iglesia, basura, vos sos la dictadura” y “Ustedes se callaron cuando se los llevaron”, fueron otros estribillos que se dejaron oír a las puertas de la Catedral, en clara alusión a la complicidad de la Iglesia Católica de Argentina con la más sangrienta dictadura que asoló el país entre 1976 y 1983.

Con balas de goma y una gran nube de gas lacrimógeno concluyó el pasado 11 de octubre el Encuentro Nacional de Mujeres que reunió en Mar del Plata a unas 65 mil personas que, de cara a la Catedral de los Santos Pedro y Cecilia, se manifestaron en reclamo del aborto libre y gratuito y exigieron la separación del Estado y la Iglesia.

El antecedente de esta multitudinaria concentración había sido la manifestación que el pasado 3 de junio, bajo el lema Ni Una Menos, tuvo lugar en las principales ciudades del país, con el objetivo de denunciar…

Ver la entrada original 458 palabras más

La dominación política II. La dominación política en tiempos de los faraones.

Lo que seguía sin duda era la necesidad de elegir algún jefe. Desde tiempos inmemoriales, el grupo humano había tenido un jefe -si bien hay que hacer notar que éste, en muchas ocasiones, apenas sí lo ha sido más que nominalmente, casi menos que un primus inter pares sobre todo desde que su fuerza dejó de ser necesaria para el grupo. Para profundizar en este punto, remito al lector interesado al capítulo noveno de Antropología cultural de Marvin Harris- y no veía la necesidad de cambiar las costumbres a pesar que, a medida que pasaba el tiempo, iba absorbiendo más y más prerrogativas e incluso ya no era él quien defendía el grupo sino éste a él pues era él quien tenía las mayores riquezas codiciadas, ahora, por otros grupos.

La vida humana ya no corría mucho peligro frente a las fieras. Se había inventado el arco, el escudo, yelmo y hasta coraza, todo de bronce. En algunas partes del mundo hacía tiempo que ya no se depredaba la naturaleza sino que se la dominaba: se araban los campos, varios tipos de animales habían sido domesticados viviendo en simbiosis con el hombre quien los protegía de sus habituales depredadores a cambio de cederle alguno de sus ejemplares como alimento así como leche, lana y fuerza de trabajo. Otros, en cambio, fueron utilizados como ayuda para la caza y la guerra pues ya los hombres luchaban unos contra otros. Había grupos con riquezas envidiadas por otros que no las tenían, los nómadas querían hacerse con las cosechas de los sedentarios y éstos no estaban dispuestos a compartirla.

Los reyes -ya no jefes, y el cambio es más que semántico- o príncipes se estaban quedando con el oro y las piedras preciosas. En las tumbas de la Edad del Bronce, en contra de lo que sucede durante casi todo el Neolítico, ya existen grandes diferencias entre las de los ricoshombres y el común de las gentes incluidos en este punto a los nómadas quienes, si no conseguían dominar permanentemente las civilizaciones a las que sometían debido precisamente a su carácter nómada, al menos copiaban en la medida de lo posible su estilo de vida.

En las grandes civilizaciones hidráulicas, la diferencia era abismal: desde las inmensas pirámides faraónicas al simple suelo del desierto. El primitivo jefe se había convertido en dios y los sacerdotes eran sus más fieles servidores -antes había sido al revés pero de estas peculiaridades ya hablaremos en el capítulo correspondiente-. Entre  ambos acaparaban la mayor parte de las riquezas y el pueblo trabajaba para ellos sin llegar a conocer muy bien cómo había sucedido aquel cambio probablemente muy lento para que una conciencia no formada históricamente pudiera apreciarlo. Para el fellah egipcio probablemente aquella situación hubiera durado siempre si bien algo quedó en el subconsciente colectivo que comenzó a forjar la mítica Edad del Oro que Cervantes sintetizó a la perfección: “¡Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron el nombre de dorados; y no porque en ellos el oro (que en esta nuestra edad del hierro tanto se estima), se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío[1] así como el jardín del Edén, una época en la cual el hombre no tenía que hacer otra cosa que alargar la mano para coger el fruto deseado, entre otras cosas, porque aún vivía en los árboles en la cálida África cosa que no podía ocurrir en otras partes del mundo colonizada posteriormente por los hombres. Pero estos mitos no pasaron de ahí. Eran otras épocas en la cual los dioses vivían entre los hombres y había gigantes en la tierra, todo un montaje preparado por príncipes y sacerdotes para que el común de las gentes no siguiera indagando en su subconsciente colectivo, comenzaba a funcionar la dominación de tipo ideológico pero esto es tema de otro capítulo.

Los faraones, poco a poco, fueron bajando de su alto pedestal a medida que las intrigas palaciegas fueron demostrando que no eran tales dioses -en la coetánea Ebla, el rey ni siquiera salía de su palacio quizá para que el pueblo no supiera que era un simple mortal y tales prácticas continuaron al menos hasta el tardo imperio romano cuando ni siquiera se podía ver al emperador el rostro dado que incluso en ocasiones sólo estaba presente tras una cortina y eso a pesar que ya el cristianismo se había apoderado del Estado-, que cualquiera no perteneciente a la primitiva familia del faraón y, por tanto, sin sangre divina, podía ocupar su puesto caso de tener la fuerza necesaria para ello. Naturalmente, para legitimar su poder, se casaban con alguna hija del anterior faraón –teoría, por cierto, puesta en duda en los últimos tiempos- y sus sucesores entroncaban en línea directa con los más antiguos reyes del Alto y Bajo Egipto aparte el inventarse nacimientos míticos al estilo del más conocido de Moisés pero que ya había utilizado con anterioridad Sargón de Acad y harían otros muchos líderes con posterioridad para legitimar sus ilegítimas aspiraciones pero la duda no cesaba por ello -naturalmente, como queda insinuado más arriba, el casarse con una hija del rey depuesto, no era exclusiva de Egipto, no hay más que recordar la boda que tuvo Alejandro Magno con Roxana, hija de Darío III, para hacerse coronar heredero de éste-, una duda que fue minando la propia seguridad de los faraones como se puede comprobar siguiendo la historia del arte: en un principio, ellos eran claramente los dioses. Es cierto que había otros pero él era la encarnación de Horus y se representaba en igualdad de condiciones a sus congéneres e, incluso, creo recordar que algunos dioses aparecían de tamaño menor pero, a medida que la propia fe del faraón perdía enteros, él comenzó a ser representado en actitud suplicante ante quienes seguían siendo sus congéneres pero, tras la revolución amarniana encabezada por Amenofis IV -más tarde Akhenatón- ese mínimo de seguridad despareció a pesar de los esfuerzos sacerdotales por mantenerlo al frente del panteón y entonces fueron ellos quienes se desligaron de la monarquía fundando, en sus dominios tebanos, una dinastía propia si bien por poco tiempo. Apareció una nueva que quiso revivir los tiempos del Imperio Antiguo, la época de las grandes pirámides pero era una dinastía que ya no se imponía al pueblo por el carisma divino del faraón sino por el peso de las armas de su guardia y el poder de su creciente burocracia. En realidad había sido un proceso mucho más antiguo pero ya se demuestra en toda su crudeza. Es en la época del Imperio Nuevo cuando aparece este fenómeno tal y como lo heredarían lo Ptolomeos -la dinastía Lágida, sucesora, en Egipto, del gran imperio de Alejandro Magno- y, mas tarde, romanos y árabes. Poco ha cambiado en el país del Nilo en los tres últimos milenios a pesar de las varias fachadas que se han sucedido en el mismo.

[1][I, IX]

Las Agencias calificadoras de neoliberales buenos y malos

El Periscopio

AGENCIASCALIFICACION

Las Agencias de Calificación suben la nota a España, un par de semanas después de que el ministro De Guindos se reúna con ellas en Londres.

Se la bajan a Madrid, a nivel de bono basura, dice el acreditado diario La Razón. Pero lo cierto es que existe una dura negociación, bochornosa según se aprecia en la grabación, en la que los guardias del dinero se interesan hasta por la subvención pública a la Escuela de Tauromaquia. Tema esencial al parecer para conocer la solidez de las inversiones. El País, ay, el País, le dedica -entre otros- un editorial a la decisión de la alcaldesa Manuela Carmena de dejar de pagar a las citadas Agencias y salirse del “master”. Esas cosas no se hacen, dicen, cuando se deben 4.000 millones, gracias a la gestión de dos grandes adalides del PP: Gallardón y Botella.

Malagón Malagón

En 2011 hablamos mucho…

Ver la entrada original 1.111 palabras más