“La carrera global a la baja” por LUCIA PRADELLA

El desempleo ha alcanzado cotas sin precedentes en Europa Occidental, los salarios menguan y los ataques al movimiento obrero organizado se intensifican. En 2013, alrededor de un cuarto de la población europea occidental, unos 92 millones de personas, se hallaba en riesgo de pobreza o exclusión social. Eran unos 8,5 millones de personas más que antes de la crisis. La pobreza, la privación material y la sobreexplotación, tradicionalmente asociadas al Sur, reaparecen en las partes ricas de Europa. La crisis está socavando el “modelo social europeo” y su presunción de que el empleo protege a los individuos de la pobreza. El número de ocupados pobres -trabajadores con empleo que viven en hogares con una renta anual inferior al umbral de pobreza- está creciendo y la austeridad va a empeorar las cosas mucho más en el futuro.

Quienes critican la austeridad alegan que es absurda y contraproducente, pero los líderes europeos discrepan. Durante la última ronda de negociaciones con Grecia, la canciller alemana Angela Merkel declaró que “ no es cuestión de varios miles de millones de euros, sino que se trata fundamentalmente de cómo puede la UE mantenerse competitiva en el mundo”. Hay un grano de verdad en esto, pero lo que Merkel no dice es que los trabajadores en Europa, y particularmente en Europa meridional, compiten cada vez más con los trabajadores del Sur. El creciente empobrecimiento y la austeridad en la UE son dos caras de la misma moneda, y ambas reflejan las tendencias estructurales que conducen a la depauperación y a profundos cambios de la economía mundial.

En la sociedad capitalista, los beneficios provienen del trabajo vivo de los trabajadores, de modo que el aumento de la productividad no está destinado a mejorar el nivel de vida, sino más bien a rebajar el salario relativo, es decir, la diferencia entre el valor producido y el valor retenido por los trabajadores. Así, la acumulación de capital tiende a incrementar la polarización entre la riqueza y la pobreza relativas, que pueden coexistir con mejoras del nivel de vida de algunas fracciones de la clase trabajadora. Esta dinámica, así como la relación social subyacente entre trabajadores y capitalistas, no se detiene ante las fronteras nacionales. Para Marx, la depauperación no es simplemente una cuestión de salarios reales de las clases trabajadoras del Norte, sino que implica aspectos cuantitativos y cualitativos del trabajo de los obreros y de las condiciones de vida a escala global y no tanto nacional.

El expansionismo económico y militar es parte integrante de la acumulación de capital, pues permite incrementar el ejército de reserva global de mano de obra explotable mediante la inversión extranjera o la migración. Una mayor oferta de mano de obra permite al capital reducir los salarios y prolongar la jornada laboral, reducir la demanda de nuevos trabajadores e incrementar así la oferta de mano de obra, en un círculo vicioso de sobretrabajo y subempleo o desempleo que opera a escala global.

Integración y globalización

Esta dinámica ayuda a explicar cómo es posible que en pleno apogeo de una de las mayores revoluciones de las tecnologías de la información y la comunicación desde mediados de la década de 1970 el mundo haya experimentado un rápido aumento de la pobreza en el mundo. Incluso el Banco Mundial admite que, sin contar a China, entre 1981 y 2004 la pobreza extrema (personas que viven con menos de 1,25 dólares al día) ha aumentado en todas las “regiones en desarrollo”. Un estudio reciente del Pew Research Center revela que pese a los elogiosos informes publicados sobre una nueva clase media emergente a escala global, si nos basamos en el umbral de pobreza aplicado en EE UU, el 84 % de la población mundial era pobre en 2011 (vivía con menos de 20 dólares al día). Es más, la parte del PIB correspondiente a los salarios ha descendido en la mayoría de países a lo largo de los últimos 30 años –reflejando una pérdida de posiciones del trabajo frente al capital– incluso en regiones en que la pobreza extrema ha disminuido últimamente, como en China, América Latina y Europa Oriental.

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